El inmenso trecho de la vivienda entre la calle y el Parlamento


Specula.

Octubre/26.

El problema que ha dejado de ser silencioso y que genera movilización y por tanto esperanza gracias a que  la sociedad ha empezado a organizarse con la articulación de la inteligencia colectiva y el respeto a los consensos.

 

Hay momentos en política en los que un voto parlamentario deja de ser simplemente un voto pasando a ser una fría losa de mármol. El rechazo de los dos decretos de vivienda por PP, Vox y Junts, con el apoyo puntual de otras fuerzas en la segunda votación, Ha terminado por ser uno de esos instantes terribles para el pueblo.

Porque esta vez no hablamos solamente de una disputa técnica entre partidos, ni de una diferencia más o menos discutible sobre política económica. Hablamos de algo mucho más elemental: millones de personas que tienen serias dificultades para acceder o permanecer en una vivienda, que destinan una parte insoportable de sus ingresos al alquiler o que contemplan con angustia la posibilidad de perder su casa. Auténticos dramas con nombres y apellidos.

Hablamos de un problema que ha dejado de ser silencioso y que genera movilización y por tanto esperanza gracias a que  la sociedad ha empezado a organizarse con la articulación de la inteligencia colectiva y el respeto a los consensos.

La acampada de la Puerta del Sol se ha convertido en el símbolo de una protesta que ya no permanece confinada a Madrid. Después del rechazo parlamentario, se han convocado 47 manifestaciones en numerosas ciudades españolas, desde A Coruña hasta Alicante, Barcelona, Bilbao, Málaga o Valladolid.

No es un detalle menor. Mientras una parte de la política institucional discute mayorías, estrategias y desgaste del adversario, en la calle está aflorando algo diferente: una conciencia colectiva de que la vivienda se ha convertido en una cuestión de supervivencia económica y de dignidad, conciencia que amenaza con extenderse a otras áreas, y que se va replicando también en Europa.

Y ahí es donde el voto conjunto de PP, Vox y Junts merece ser examinado con especial atención. ¿Habrán abierto sin buscarlo la Caja de Pandora?

No son, naturalmente, un bloque político homogéneo. PP y Vox representan a la derecha española más rancia y de toda la vida, esa que hizo un ejercicio de transformismo en el 78 y que se ha quitado la careta desde hace algunos años. Mientras Junts responde a una tradición política catalana, representando a la alta burguesía de los propios y mantiene posiciones maquilladas de diferentes en numerosos asuntos, aunque como en este caso, confluyan en idéntico desagüe. Por tanto, en esta votación coincidieron en algo fundamental: su rechazo a los dos decretos de vivienda del Gobierno. El primer decreto cayó con 178 votos en contra frente a 172 a favor; el segundo, con 184 frente a 166.

Naturalmente, ningún partido está obligado a aprobar una medida del Gobierno. Puede considerar que un decreto es insuficiente, contraproducente o técnicamente deficiente. Y esas críticas deben formar parte del debate democrático.

Pero existe una pregunta política que no puede esquivarse:

¿Qué ocurre con las personas afectadas mientras se espera a una solución mejor?

Los decretos contenían medidas concretas de protección frente a determinados desahucios, prórrogas de contratos, regulación de los alquileres de temporada y de habitaciones y limitaciones a determinadas operaciones especulativas de los fondos buitres, entre otras disposiciones.

Al caer las normas, esas medidas también desaparecen.

De nuevo surge una cuestión inevitable: ¿hasta qué punto la lógica parlamentaria de derrotar al adversario ha terminado imponiéndose sobre la urgencia de ofrecer una respuesta social imprescindible?

No sería riguroso afirmar que todos los diputados que votaron «no» lo hicieron exclusivamente para desgastar al Gobierno. Sus razones políticas son distintas y algunas han sido expresadas públicamente. Pero tampoco sería razonable ignorar el contexto: la votación se produjo en medio de una creciente confrontación política, de la posibilidad de un adelanto electoral y de una movilización social que reclamaba precisamente lo contrario de lo que acababa de ocurrir en el Congreso. Muchos votos negativos tienen tras de sí con seguridad, a familiares o conocidos a los que han perjudicado al cumplir con la aritmética dictada por la cabecera. ¿Podrán dormir tranquilos con el “ande yo caliente y ríase la gente”?

Mientras tanto, quienes acampan en Sol y en tantos otros lugares, no pueden permitirse el lujo de esperar a la próxima legislatura y por eso se organizan en demostración de que en el Parlamento no se representan de manera adecuada los intereses de los españoles.


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