Van a romper la hucha


Mientras dormía la ciudad, el insomnio que llevaba a pensar en cómo nuestros patriotas no se han cortado -algo que me da muy mala espina; igual la trampa ya está hecha y por eso tanto descaro- a la hora de decirnos alto y claro, entre otras fechorías, que se van a fumar el sistema público de pensiones, un recurso social de 150.000 millones de euros anuales que ellos quieren convertir en su negocio privado, trasvasando esa ingente cantidad de nuestros dineros a sus fondos de inversión, bancos, compañías aseguradoras…

Si esto, por su mala cabeza de usted, Pérez, llegase a ocurrir, ahí está el ejemplo de Argentina, que tan brillantemente está gobernando un demente pegado a una motosierra. No solo los pensionistas se verían obligados a buscarse un curro para compensar la mísera pensión que el sistema privado les iba a ofrecer -bastante más mísera que la que les ofrece el sistema público-, normalizando esa imagen tan moderna y democrática que se ve en las calles de Estados Unidos, con octogenarios trabajando como guardas de garita, repartidores, camareros, dependientes… No es solo que todos tendríamos que trabajar el doble de horas por la mitad del salario -con suerte-. Es que la economía del país se iría por el desagüe del liberalismo, porque esos 150.000 millones de euros, en lugar de circular del bolsillo de los pensionistas al comercio, estarían en la caja blindada de un banco o pasando de una cartera millonaria a otra por las aceras de Wall Street.

No hay que olvidar tampoco que, en España, y debido a la precariedad de los sueldos en comparación con las fortunas que cuesta alquilar un piso o llenar la cesta de la compra mensual, los abuelos son, en muchas ocasiones, quienes aportan estabilidad a la economía familiar. Y resulta que nuestros patriotas, que tanto se preocupan por la familia y tanto izan su bandera para atraer el voto de los ilusos, abocarían a muchas de ellas a la desintegración y al <<sálvese quien pueda>>. Nos quieren no solo acémilas, también desunidos.

El disparate es de tal envergadura, mi querido Pérez, que los datos macroeconómicos, esos que en España van como un cohete y nos han colocado a la cabeza de Europa, se convertirían en datos de <<macropobreza>>. Porque toda esa capacidad de consumo y movilización económica que representan 150.000 millones de euros anuales -hágame el favor, Pérez, de visualizar de lo que estamos hablando-, al no repercutir directamente en la sociedad y quedar prisionera del sistema financiero, dejaría de impulsar buena parte de la actividad económica y de generar el retorno fiscal asociado al consumo a las arcas el Estado. Con ello, veríamos disminuir la capacidad de las administraciones para atender las demandas de una sociedad en aumento y expansión, con todo lo que eso implica en materia de escuelas, alcantarillado, hospitales, parques, transporte…

Esto que le cuento, Pérez, no es el relato apocalíptico de un zurdo a sueldo de ningún sóviet. Es la advertencia de un tipo ni más inteligente ni más tonto que usted, pero que se ha tomado la molestia de consultar los datos y verificar las afirmaciones que escucho en los discursos políticos de gentes a las que mi futuro y el de mis hijos, el de los suyos y el de su vecina Inmaculada les importan, literalmente, un sestercio. Gentes que están ahí, cobrando de nuestro dinero, para hacer el apaño y defender los intereses de un puñado de millonarios codiciosos y lunáticos que aspiran a hacer realidad el sueño de Hitler de ser el amo del orbe, propiciando un cambio de sistema en el que lo público debe ser erradicado porque resulta perjudicial para sus negocios.

Por eso, alzando la bandera de la democracia y la libertad, acompañada de la falacia esa de la honradez, están intentado convertir la sanidad pública, la enseñanza pública o la atención a la dependencia en otros tantos nichos de suculento negocio que controlan sus amos. Y ahora van a por el golpe maestro: nuestras pensiones.


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