Rajoy: ese terrible enfant racista
El Comunero.
Agosto/26.
"Rajoy tiene todo el derecho a opinar sobre fútbol. Lo que no tiene es derecho a fabricar hechos alternativos"
Hay meteduras de pata que duran un telediario. Y luego están las de Mariano Rajoy, que consiguen convertirse en un incidente diplomático entre dos países vecinos por culpa de una frase que no se sostiene ni treinta segundos en la puerta de un registro civil.
En su columna periodística publicada antes de la semifinal del Mundial, el expresidente argumentó que la selección francesa tiene "una plantilla de altísimo nivel. Eso sí, sin franceses". La ocurrencia pretendía ser, según sus defensores, una ironía. El problema es que las ironías también necesitan apoyarse en la realidad. Y la realidad, que tiene la mala costumbre de consultar los datos antes de hablar, desmintió la ocurrencia con una facilidad pasmosa.
La Federación Francesa convocó a 26 futbolistas para el Mundial. De ellos, 23 nacieron en Francia. Los tres restantes —Michael Olise, Marcus Thuram y Brice Samba— poseen nacionalidad francesa y son plenamente elegibles conforme a las normas de la FIFA. Es decir, absolutamente todos los integrantes de la selección francesa son franceses. No es una opinión. No es una interpretación ideológica. Es un hecho administrativo, jurídico y objetivo.
La polémica era inevitable. El Gobierno francés calificó las palabras de Rajoy de "inaceptables" y varios ministros denunciaron su carácter racista. La propia Embajada de Francia en Madrid tuvo que recordar una obviedad que jamás debería haber necesitado un comunicado oficial: "Todos los jugadores de la selección francesa son franceses". Cuando una embajada se ve obligada a justificar la nacionalidad de sus ciudadanos, está claro que el problema no es la embajada.
Resulta especialmente llamativo que el desliz proceda de quien presidió durante siete años el Gobierno de un país cuya propia selección simboliza la diversidad de la España contemporánea. Porque si aplicáramos el mismo criterio identitario al equipo español, ¿qué habría que decir de Lamine Yamal, Nico Williams o tantos otros deportistas hijos de la inmigración? ¿También habría que someterlos a una especie de aduana genética antes de concederles el derecho a vestir la camiseta nacional?
La nacionalidad, en un Estado democrático, no depende del color de la piel, del apellido ni del lugar de nacimiento de los abuelos, algo que Rajoy parece que no ha entendido, a pesar de sus altas responsabilidades políticas. Depende de la ley. Francia no inventó ese principio. Lo comparte con la inmensa mayoría de democracias occidentales. Confundir ciudadanía con ascendencia étnica no solo es un error histórico; es un planteamiento que Europa conoce demasiado bien y cuyas consecuencias tampoco debería olvidar.
La estrella de la selección francesa de fútbol, Kylian Mbappé, desolado tras perder el partido de semifinales frente a la selección española.
Rajoy, lejos de rectificar, optó después por mantener el tono y evitar una disculpa expresa, todo lo contrario y <<echó más leña al fuego>> al asegurar que la polémica le venía muy bein al gobierno español para distraer sobre sus problemas. Mientras tanto, el Gobierno español se veía obligado a desmarcarse públicamente, en cambio, el Partido Popular justifico la metedura de pata del expresidente como un simple sarcasmo. El sarcasmo, sin embargo, suele provocar risa. El texto de Rajoy provocó un conflicto diplomático, críticas unánimes desde Francia e incluso incomodidad en parte de la derecha francesa, que tildó las palabras del <<plumilla>> directamente de racismo.
Hay una vieja máxima periodística que dice que los hechos son sagrados y las opiniones son libres. Rajoy tiene todo el derecho a opinar sobre fútbol. Lo que no tiene es ningún derecho a fabricar hechos alternativos. Porque cuando uno empieza negando la nacionalidad de veintiséis futbolistas franceses, acaba obligando a dos gobiernos, una embajada y medio continente a explicar algo tan elemental como que un ciudadano francés... es francés y mucho francés.
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