No Puedo
Josemi Montalbán.
Septiembre/26.
Sé, soy muy consciente de ello, mi estimado Pérez, que soy un subversivo peligroso, un comunista atroz y terrible que se come a los niños recién nacidos embadurnados en mayonesa, un izquierdista radical que va por el mundo estrangulando tiernos gatitos, un enemigo del orden constitucional y un antidemócrata; en definitiva, ¡para qué extenderse!, un inadaptado social. Lo sé y lo tengo asumido.
Pero no puedo, y le prometo que lo intento, que hago ímprobos esfuerzos por adaptarme al orden establecido y sumarme a la cabaña borrega, pero no me llega el ánimo.
No puedo, mi estimado Pérez, aceptar como jefe del Estado al heredero del heredero de un genocida, impuesto por el asesino. No sin un plebiscito en el que mis compatriotas le otorguen su bendición, legitimándolo a la cabeza de la nación.
No puedo, mi apreciado Pérez, confiar en una Constitución que fue redactada por un puñado de servidores de un régimen criminal y refrendada, a modo de <<lentejas>>, en la prehistoria por mis padres y abuelos; un tocho de papel mojado que nadie se aplica en aplicar y que queda monísimo en los estantes de las librerías, pero que para muy poco más resulta de utilidad a una caballa borrega que se deja conducir al matadero dócilmente.
No puedo, querido Pérez, confiar en un régimen presuntamente democrático que hunde sus raíces en una sangrienta dictadura, que se ha intentado maquillar con una Transición que no transitó a nada, y a las pruebas me remito.
No puedo, mi estimado Pérez, confiar en las Fuerzas Armadas de mi país cuando cada cinco minutos un general de los <<ejércitos nacionales>> aparece por algún resquicio <<democrático>> y, amparándose en la Constitución, hace un llamamiento al golpe de Estado, al bestialismo, sin que nada le suceda; sin que el legítimo Gobierno de mi país -sea del color que sea, todos están legitimados por el pueblo, y ninguno hace nada- lo fulmine de inmediato, degradándolo a cabo furriel; sin que su máximo superior, ese jefe del Estado que el general pretende subvertir, lo llame a cuadrarse ante él.
No puedo, mi valorado Pérez, confiar en un roble judicial que está podrido en la copa y extiende el mal desde arriba hasta la raíz, sin que ni el Gobierno ni el Parlamento apliquen el herbicida oportuno que detenga la ruina del árbol.
No puedo confiar, créame, Pérez, en un sistema electoral que hace que una papeleta a la izquierda termine en el zurrón fascista, o viceversa, porque hay otros sistemas más equitativos y ecuánimes. No puedo confiar en un sistema que me impide elegir a mis candidatos y solo me da opción a optar entre la dictadura de los partidos, que elaboran unas listas a conveniencia de los intereses de quienes los comandan y no de los ciudadanos, porque existen otras formas infinitamente más democráticas de ejercer la democracia.
No puedo, Pérez de mis desvelos, confiar en unas fuerzas del orden público que aporrean solo a un tipo de <<público>> mientras se abrazan y echan risas con otros, porque el compromiso con la sociedad no se lleva en un lacito bicolor anudado al aparato de abollar testuces bermellones, sino en la conciencia satisfecha del deber cumplido, al margen de ideologías o de lo que a cada cual le pide el cuerpo.
No puedo, querido Pérez, confiar en unos políticos que nunca aportan soluciones, que no hacen propuestas serias y reales, basando su estrategia electoral en mentiras y populismo, diciendo a la gente lo que la gente quiere oír, completamente desapegados de los problemas reales del ciudadano, pero excelentemente bien pagados por los ciudadanos.
No puedo dejar de sentir simpatía por todos esos miles de ingenuos que van a pasar unas noches en compañía amena y grata de otros miles de personas acampadas a su vera, henchidos de la esperanza vana en que van a lograr cambiar algo del orden establecido. Me conmueve verlos en televisión, decididos, seguros de su fuerza, conscientes de que el poder reside en ellos. Y no puedo dejar de sentir pena por mí, por mi país, porque soy consciente de que, con el paso de los días, esa gente acampada en Sol pasará de recibir el calor de los ciudadanos que hoy les aplauden a ser criticada por esos mismos vecinos debido a las molestias que causa a esos mismos ciudadanos; y de ser elogiada por políticos oportunistas por su decidida acción a ser interpelada por esos mismos políticos para que respondan al porqué, si quieren intervenir en la vida pública, y para no molestar a los vecinos, no se convierten en un partido político que después jueces y policías puedan atacar y destruir desde el sistema para proteger un sistema en el que se extiende la gangrena, mientras todos centramos nuestros esfuerzos en un esguince del dedo medio.
No puedo ver -soy un patriota de verdad- cómo mi país se desintegra y permanecer tranquilo, Pérez. Por eso esto de mis pesadillas republicanas mientras la ciudad duerme, porque la salida a la república es la única cura que veo para esa gangrena que nos está matando, sin que ninguno hagamos nada para evitar el desastre en ciernes.
Por eso Pérez, quiero mostrar mi solidaridad y ánimo a los ingenuos de Sol, porque se niegan a morir en silencio como el resto de la cabaña, por eso quiero unir mi voz a la suya, porque al menos, levanto la voz, que no es nada y para nada sirve, lo sé, pero algo es, porque también yo me niego a morir en silencio,
Simplemente no puedo.
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