La Ñamería está de Moda
Mayo/26.
Josemi Montalbán.
Llegan vestidos de reluciente patria, pero son los mismos de siempre, el viejo enemigo con su añeja camisa nueva apestando a naftalina, esgrimiendo los mismos apolillados estandartes, los rancios ideales, el trasnochado nacionalismo, la vieja religión, el odio de siempre y contra los mismos.
Aparecen en los primetime de televisión profiriendo exabruptos y rebuznando disparates para a continuación lanzar su mensaje de ruina y caos: Yo soy el futuro; nos dicen, convencidos de que nos convencen, y no les falta razón.
Son gente que, hasta no hace mucho, y por su bien, para que no se hicieran daño, ni lo pudieran hacer a la sociedad, recluíamos en instituciones mentales. Sociópatas como Trump, Milei, Ayuso, Abascal, Feijóo, Tellado, Gamarra, y un larguísimo listado de seres nocivos para la convivencia y las libertades, que hoy están siendo aupados, con sus aíres de matón, sus porras extensibles, su repugnante impunidad, sus jueces en nómina, su disparatado discurso extendido a golpe de talonario, por unos burdeles mediáticos vendedores de humo y alquilados a los orates por una fortuna que se paga en dinero público, hasta el puente de mando de una nao en la que todos los demás, que pagamos todo, somos galeotes.
Se ha impuesto la barbarie, a base de márquetin, con la complicidad de caras conocidas, confiables, de voces que pensamos amigas, fiables. Se ha impuesto la barbarie hasta el punto de anular nuestra esencia humana, dejando nuestra hipocresía tan a barlovento de lo evidente que provoca sonrojo en aquellos que aún retienen algo de dignidad.
Señoras y señores, de pío discurso, de misa de nueve, de comunión diaria y limosna al blanquito que no tuvo suerte, escupiendo veneno, absurdo odio, contra blanquitos que están enfermos por culpa de la mala suerte. Rechazando a los “apestados”, ellos, acérrimos creyentes en un Dios, que, según sus propios dogmas, no dudó en acercase a los leprosos, un pastor que si existe se avergüenza de su rebaño.
Se ha impuesto la sinrazón, la inhumanidad, la vileza, y no porque seamos menos humanos que ayer, sino porque somos bastante más idiotas que antes de ayer, pero mucho menos de lo que seremos mañana. Nos embrutecen con su mensaje de brutos, que publicitan pagando con nuestros dineros, en lugar de invertir nuestros dineros en financiar los recursos y servicios que deben hacer más justa, más humana, y más libre nuestra humana sociedad.
Y nos embrutecen porque nos necesitan brutos, para que los votemos, porque cultos y razonables los recluiríamos, como antaño, en una institución mental.
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