Maestros de la República; depuración y muerte.
Jaime Tenorio.
Mayo/26.
Durante la Segunda República (1931-1936), la educación fue concebida como un instrumento de modernización social. Se promovió una enseñanza laica, mixta, obligatoria y basada en corrientes pedagógicas innovadoras europeas.
La represión franquista sobre los maestros de la República constituye uno de los episodios más significativos de la obsesión por el control ideológico que el régimen franquista impuso tras la Guerra Civil, una política de supeditación y culto al líder que lejos de ser un elemento temporal, institucionalizó la persecución de maestros vinculados a la Segunda República, una caza al docente que fue sistemática, planificada y sustentada por el aparato del Estado, que tuvo como objetivo eliminar cualquier rastro de la cultura pedagógica republicana y sustituirla por un modelo educativo alineado con los principios del nacionalcatolicismo en los que se sustentó el nuevo régimen.
Durante la Segunda República, la educación fue concebida como un instrumento de modernización social. Se promovió una enseñanza laica, mixta, obligatoria y basada en corrientes pedagógicas innovadoras, de las más avanzadas de Europa. Este modelo implicó una expansión del sistema educativo y una renovación del papel del maestro, que dejó de ser un mero transmisor de contenidos para convertirse en agente de cambio social, algo que el franquismo detestaba, lo que conllevó que muchos docentes comprometidos con los valores republicanos se convirtieran en elementos peligros para el nuevo régimen fascista, que consideró necesario “reeducar” o eliminar a quienes habían participado en del proyecto pedagógico republicano.
La depuración del cuerpo de maestros fue la consigna dada a todos los mandos del régimen franquista desde los primeros momentos de la guerra, una orden que se mantuvo e intensificó en medios tras la victoria de los sublevados fascistas en 1939. No se trató de un proceso administrativo, ni siquiera con apariencia legal, sino de una verdadera persecución contra el magisterio, con un claro carácter político e inquisitorial que multiplicó las comisiones de depuración que eran las encargadas de evaluar el grado de "compromiso" del maestro con el nuevo régimen, así como la “conducta” de los docentes en base a informes de autoridades locales, denuncias vecinales y antecedentes políticos o sindicales, y tenían un objetivo perfectamente definido; erradicar del sistema educativo cualquier elemento considerado contrario al “nuevo Estado”.
Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Se abrieron más de 60.000 expedientes de depuración entre 1936 y 1943, afectando a una parte sustancial del magisterio español . De ellos:
Los maestros asesinados por el régimen franquista fueron entre 1.500 y 2.000, obtener una cifra concreta, es imposible como ocurre con el resto de las víctimas del franquismo.
Alrededor de 6.000 maestros fueron expulsados definitivamente de la enseñanza
Otros tantos fueron trasladados forzosamente de localidad.
Unos 3.000 fueron suspendidos de empleo y sueldo.
Miles más sufrieron sanciones menores, inhabilitaciones o jubilaciones forzosas .
En conjunto, aproximadamente una cuarta parte de los docentes sometidos a depuración recibió algún tipo de sanción, lo que evidencia el alcance estructural de la represión .
Más allá de las sanciones administrativas, muchos maestros fueron víctimas de una represión mucho más severa. Numerosos docentes fueron encarcelados, sometidos a consejos de guerra e incluso deportados. Aunque las cifras exactas son difíciles de establecer, la historiografía coincide en que el magisterio fue uno de los colectivos más castigados.
El exilio también fue una consecuencia relevante. En algunas regiones, como Cataluña, se ha documentado que una parte significativa del profesorado optó por abandonar el país ante la amenaza represiva. En ese territorio, entre exiliados y sancionados, hasta un tercio del magisterio sufrió las consecuencias de la represión del nuevo estado fascista, propiciando una pérdida irreparable de capital humano y pedagógico. Muchos de los docentes más innovadores y comprometidos con la renovación educativa fueron apartados del sistema, lo que contribuyó al empobrecimiento cultural de la sociedad y la precariedad de la enseñanza durante décadas.
Como en todos los aspectos de la vida bajo el yugo franquista, a represión afectó de forma mucho más brutal a las mujeres, las maestras sufrieron el fanatismo y el institucionalizado machismo del franquismo, no solo siendo torturadas, asesinadas y depuradas como los hombres, también padecieron un un control más severo sobre su conducta moral y privada. Estudios basados en miles de expedientes muestran que las maestras podían ser sancionadas no solo por sus ideas políticas, sino también por comportamientos considerados inapropiados desde la moral católica impuesta por el régimen. Este doble control político y moral evidencia el carácter profundamente ideológico y patriarcal de aquella represión, que nunca fue un episodio aislado, sino parte de una política de Estado. El franquismo procuró construir un sistema escolar que sirviera como instrumento de adoctrinamiento, basado en los valores del nacionalcatolicismo, la disciplina y la ciega obediencia.
Durante décadas, esta represión de los maestros permaneció en silenciada. No fue hasta la Transición y, sobre todo, a partir de los años noventa, cuando empezaron a desarrollarse investigaciones sobre el tema y que los españoles comenzamos a conocer las historias de aquellos hombres y aquellas mujeres, que una vez soñaron una España más culta y en libertad.
Ilustraciones IA Alternativa Mediterráneo. Uso libre.
Añadir comentario
Comentarios