Maricarmen
Alberto Granados.
Octubre/26.
Es Mari Carmen! —dijeron todos —,
Su cantar, su bailar
Cautivan todos los corazones…
(Dúo Dinámico)
Resulta curioso que una insustancial canción ligera de los años sesenta, a la larga haya llegado a tener semejante carga profética: en efecto, todo el país ha hablado estas tristes últimas dos semanas de Maricarmen, una mujer de 87 años, que no es que cante o baile, sino que se ha convertido en la víctima más visible de un sistema injusto que beneficia a los poderosos y deja en la calle a una anciana, a la que, además se sataniza por no haber sido previsora y haberse comprado un piso y acogerse a un contrato de renta antigua a nombre de su padre.
Llegó el triste día de cumplir una resolución judicial que la dejaba en la calle, los antidesahucios estaban allí, hicieron visible la dureza de la injusticia y todos se pusieron (nos pusimos) a apoyar a la indudable víctima de los enjuagues que se han permitido en este triste país donde los espabilados sin escrúpulos se enriquecen a costa del sufrimiento ajeno, sin que haya leyes contra estos depredadores sociales. Un país puesto en pie, echado a las plazas y un gobierno que ha tardado ocho años en reaccionar a un problema, el de la vivienda, que se ha convertido en la pesadilla de nuestros hijos, que es, en realidad, nuestra pesadilla.
La derecha eterna, insensible a los cambios y demandas sociales, ha reaccionado siguiendo el inmoral patrón de conducta que yo llamo “la ética de Homer Simpson”: culpabilizar a la izquierda, a los acampados, a todo el mundo, menos a sus amiguetes, que son los que manejan los entresijos de los fondos-buitre (inolvidable en este campo el papel de la familia Aznar). Y claro, en este intento de contar verdades al revés, que son simples embustes, se cae en pronunciamientos ridículos, en asimetrías contradictorias, en un intento de sobrevivir al chaparrón. Almeida, que defendía la libertad de expresión cuando se ahorcaba en Ferraz un muñeco con la efigie de Pedro Sánchez, ve ahora un irrefrenable peligro en el uso de adoquines y cuchillos para la logística de una pacífica acampada en Sol.
De los acampados se ha dicho que son perroflautas, desaseados, vagos, promiscuos, vendidos… todo menos asumir, simplemente que hacen un uso responsable y cívico de su derecho a manifestarse sin cortapisas.
De los partidos que han apoyado cambiar la situación de la vivienda, que son la sombra del comunismo (esta estupidez es una obsesión para la Sra. Ayuso, cuando llevábamos desde el primer momento de la Transición sin ver en el comunismo el peligro con el que se nos amenazó en tiempos de Franco)
De la propia víctima, Maricarmen, ha habido comunicadores Jiménez Losantos, Carlos Herrera…) tan empáticos, que se han dedicado a acusarla de falta de previsión, de irresponsabilidad, de oportunismo, en vez de considerarla una víctima de la deshumanización a que está abocando el negocio de la vivienda, que nunca debería haber dejado de considerarse un bien de primerísima necesidad.
Parece como si la única línea de pensamiento válida es la de apoyar a esos buitres voraces que han especulado hasta el límite, sin la menor consideración, ni el más simple gesto de solidaridad con los demás, especialmente con los jóvenes. Solo esta postura les parece correcta. Aceptar que la vivienda es un bien prohibido por una política de precios que excluye a nuestros hijos, que hay que acompasar la capacidad empresarial de los rentistas con el derecho a un techo digno, hasta ahora dos realidades irreconciliables.
Maricarmen, dijeron todos, como en la vieja canción de Manolo y Ramón y una corriente de solidaridad e inconformismo sacudió todos los rincones de España. De momento unas acampadas que van a desembocar en una huelga general, en unas elecciones anticipadas, o en no se sabe qué nueva circunstancia. Maricarmen, sin proponérselo, ha sacudido un país entero. Solo los insensibles, los aprovechados y los que han mantenido una posición de privilegio le buscan una forma de recuperar el prestigio perdido, de mantener una visión del asunto a todas luces sesgada hacia la posición de los rentistas y los fondos buitre, en cuya gestión destacan familiares de algunos grandes capitostes del PP (los Aznar o la esposa de Feijóo) y de Junts, partidos estos que han votado contra los decretos ya pactados y han puesto en jaque al país entero y a sus víctimas acampadas en las plazas, con toda la dignidad del mundo.
Y en estas estábamos cuando los noticiarios abrían con la noticia del fallecimiento de Maricarmen, que no ha resistido tanta tensión emocional y ha muerto catorce días después de haberse convertido en noticia de todas las cabeceras de nuestro entorno. Obviamente, su muerte deja más en evidencia la crueldad del sistema y la corriente del trumpismo patrio se ha apresurado con su sentido carroñero de las cosas, a lanzar más basura sobre el personje y más argumentos justificativos sobre el papel de nuestra desvergonzada derecha en estos tristes hechos. Se vuelve a insultar a la pobre vieja: José Luis Bergillos, concejal popular de Benalmádena la llama «puta sinvergüenza» por tener cierta cantidad de dinero en el Banco y no haberse comprado un piso; un cromañón concejal de Vox, pide una autopsia por si alguien ha caído en la tentación de asesinarla, no entiendo por qué turbios motivos; en las plazas, los miles de acampados lamentan su muerte y la señalan como víctima de la injusticia (No es una muerte, es asesinato, señalan en sus consignas), mientras en las instituciones del PP y Vox se veta un triste minuto de silencio por la fallecida.
Desde los años sesenta del Dúo Dinámico, ninguna Maricarmen había alcanzado tanto consenso. Tampoco la derecha había llegado a una posición tan miserable. También fue el Dúo Dinámico quien consagró cuando la pandemia un himno de resistencia; Resistiré, (Resistiré, erguido frente a todo / me volveré de hierro para endurecer la piel / y aunque los vientos de la vida soplen fuerte / soy como el junco que se dobla, Pero siempre sigue en pie). Espero que las urnas pongan a cada cual en el sitio que se merecen.
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