Solo hay que verles la cara


Josemi Montalbán.

Octubre/26.

 

Mientras la ciudad dormía, mi estimado Pérez, el insomnio me llevaba a repasar las imágenes de los nuevos <<salvaguardas de nuestros valores patrios>>, una banda terrorista -solo los terroristas cubren y ocultan sus rostros tras pasamontañas para no ser identificados tras perpetrar sus atentados- que un sistema confundido y un régimen frágil han convertido en partido político, legalizando a una organización nazi surgida de ambientes marginales que se han ido fusionando, en torno a las pesas y los <<heavy bags>> de los gimnasios, con las ovejas descarriadas de los rebaños bien del posfranquismo.
Núcleo Nacional no es una organización caritativa, precisamente, mi estimado Pérez. Son un grupo de dementes bastante musculados y peligrosos que aspiran a convertirse en los escuadrones de la muerte del nuevo nacionalcatolicismo que se nos viene encima, financiado con el dinero de los genocidas. Tontos útiles en su mayoría que serán abandonados a su suerte en el secarral que será España cuando terminen de asolarla quienes están detrás de Núcleo Nacional, Desokupa y el resto de bandas nazis que están proliferando en la actualidad, al calor de una Europa esclava del evangélico, pero promíscuo, MAGA que, en Madrid, en Roma, en... y en Bruselas, marca el compás.
Uno, dos. Uno, dos. Tres... Vote ruina otra vez. Uno, dos. Uno, dos, tres...
Una danza de autoritarismo y palos que se está componiendo en la actualidad, pero siguiendo una partitura con más de cien años ya, a la que han adaptado algunas notas digitales para acomodarla al uso del tiempo en esta era de sombría estupidez y desapego a la razón. Una melodía que comenzó siendo minué y ha derivado en ópera wagneriana, en pleno siglo XXI, interpretada por políticos a sueldo de los miserables que ejercen como directores de orquesta; jueces prevaricadores que enmiendan los errores en la interpretación y acomodan la partitura al músico que desafina, arrastrando al resto, en lugar de sacar a este de la orquesta. Unos medios de comunicación a sueldo -con salario público- de los directores de orquesta, que escriben glosas magníficas para unos músicos que no alcanzan ni siquiera el grado de mediocridad, mientras vomitan despiadadas críticas hacia otros soplagaitas que, sin llegar tampoco a ser virtuosos, al menos no desafinan.

Gente bastante chunga, en definitiva, mi querido Pérez, a la que si no expulsamos pronto, para ayer es tarde, de la orquesta democrática, nos va a arruinar, otra vez, el concierto, y a derruir, de nuevo, el teatro España, con lo que nos ha costado reconstruirlo.
Hemos caído de cabeza en la trampa, mi querido Pérez. Entre cervezas y promesas de libertad en una prisión fascista, jóvenes a los que hemos abandonado en un páramo, yermo de humanidades y cultura, al cuidado de lunáticos cachas predispuestos a la violencia, de menguados dispuestos siempre a la bronca, de disminuidos neuronales que organizan cacerías humanas y asaltos a acampadas pacíficas, se han convertido en bestias lobotomizadas al servicio de un ideal de intransigencia, desigualdad, muerte y destrucción que creíamos haber erradicado de nuestra sociedad, y ya ve usted, Pérez. No hay más que ver la cara que dan algunos líderes de la jauría para imaginar cómo será el alma de los elementos que se ocultan tras el pasamontañas de los terroristas.
Que no nos pase nada, Pérez, porque esta horda, por su culpa, se nos viene encima.


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