El Jueves Negro de 1929: el Gran Crack


Jaime Tenorio.

Octubre/26

 

El impacto del Jueves Negro sobrepasó de inmediato el ámbito financiero estadounidense para transformarse en una crisis sistémica global

 

El 24 de octubre de 1929, es conocido como el «Jueves Negro», aquella jornada la Bolsa de Nueva York sufrió el mayor colapso financiero de su historia. En una sola jornada, el pánico se apoderó de Wall Street y provocó la venta masiva de más de 12,8 millones de acciones. Aunque la intervención de los grandes banqueros neoyorquinos logró amortiguar temporalmente la caída al cierre de la tarde, el desplome continuó imparable en las sesiones del Lunes 28 y el Martes 29 de octubre, día en el que, definitivamente se desplomó. Aquel episodio no fue un evento aislado, sino el síntoma definitivo de un sistema económico inviable a la larga, pero, sin embargo, de una experiencia de la que nada aprendimos.

Durante la década de 1920, Estados Unidos experimentó un notable crecimiento económico impulsado por la producción industrial, el consumo masivo y la expansión del crédito. Sin embargo, este dinamismo escondía desequilibrios estructurales profundos.

En primer lugar, se produjo una sobreproducción agrícola e industrial que el mercado interno, herido por la tremenda desigualdad social, no podía absorber. En segundo lugar, proliferó una especulación bursátil descontrolada, fueron miles los inversores particulares y corporativos que se apuntaron al sueño millonario y compraron acciones a crédito (el denominado margin trading), aportando apenas un 10 % del valor real del título y endeudándose por el resto bajo la premisa de que los precios cotizarían eternamente al alza, aquello era jauja y la vida de maharajá los esperaba al fin de la semana.

Esta burbuja financiera creció hasta el disparate, nadie puso remedio a pesar de las señales de alarma, a nadie le interesaba ponerlo, los grandes tiburones, esos que nunca pierden se estaban forrando e iban a seguir haciéndolo, zampándose a los pobres pececitos que se habían atrevido a asomarse al <<sueño americano>>, un mundo de fantasía completamente desvinculado de la economía real. Cuando, por fin, la Reserva Federal intentó frenar la desatada especulación subiendo los tipos de interés, precipitó el desastre, como consecuencia de la ralentización del flujo de dinero. En cuanto los inversores percibieron que los beneficios empresariales se estancaban, la confianza se quebró, desencadenando la estampida vendedora del 24 de octubre.

El impacto del Jueves Negro sobrepasó de inmediato el ámbito financiero estadounidense -¿qué pensaba usted, que la globalización era cosa de hoy?- para transformarse en una crisis sistémica global:

La imposibilidad de recuperar los créditos concedidos para la inversión bursátil provocó el cierre de cientos de bancos en Estados Unidos. Esto congeló el crédito, con la lógica consecuencia de la reducción drástica del consumo y el consiguiente impacto en la industria que llevó a la quiebra a multitud de empresas, disparando la tasa de desempleo.

Para sostener su liquidez, las entidades estadounidenses procedieron a la repatriaron masivamente de sus capitales en el extranjero. Europa, en plena reconstrucción tras la Primera Guerra Mundial y, como siempre, profundamente dependiente del crédito americano —especialmente la República de Weimar en Alemania—, se resintió el seísmo y colapsó en cadena.

La miseria social y el empobrecimiento de las clases medias fracturaron la estabilidad democrática europea, dando a luz a un descontento popular que sirvió como caldo de cultivo para el ascenso de los movimientos fascistas y autoritarios que protagonizaron la década de 1930.

Ante la evidencia del fracaso de la autorregulación del mercado -no se confunda, es el mismo sermón que hoy nos vuelven a vender desde los púlpitos económicos-, la teoría económica mutó. A partir de 1933, la administración de Franklin D. Roosevelt implantó el New Deal, introduciendo la intervención estatal, la regulación del sector financiero (como la ley Glass-Steagall) y las bases de la protección social pública -todas esas medidas que hoy calificarían de <<comunismo>> desde los palacios económicos-, y vuelta a empezar.

El Jueves Negro demostró que la especulación sin respaldo productivo conduce inevitablemente al colapso, redefiniendo de forma permanente la relación entre el Estado, la economía y la sociedad en el siglo XX, y dejó un aviso, una advertencia sobre la especulación en modo desmadre -la misma que sufrimos hoy- y la ruina que conlleva. No sirvió de nada, nada aprendimos y los mismos tiburones, se disponen a darse un banquete de pececitos que se han asomado, necios e ingenuos, al sueño millonario.


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