Ventajas y desventajas de un ser incumplidor

Gregorio Duque.

Marzo/26.

 

El problema es que, en este país, en los contratos de obra no se refleja el necesario mantenimiento de la misma, sino que normalmente se deja para un nuevo contrato la pavimentación de la autopista o autovía, el techado de la estación de tren/guagua/bus, la canalización del barranco, el aseguramiento del estado de presas y embalses, o el cambio y mantenimiento de raíles, pasando a un postrero y residual contrato de servicios a una subcontrata y que ahora está prácticamente paralizada. 

 

De haber enviado la columna mensual como me comprometí a hacerlo hace ya unos años, habría tenido que escoger (o agrupar), entre el mantenimiento cero de la obra pública, la desclasificación de documentos del 23-F o el medio siglo de la masacre en marzo de 1976 en Vitoria. 

Creíamos de otra época la colocación de la primera piedra o la cortada de contas, pero, desgraciadamente, es lo que agrupa a políticos, empresarios y palmeros. Hay que hacer obras, obras, obras. Puentes, viviendas de protección, carreteras, autopistas, muelles. Y a lo mejor (o a lo peor) es el momento de recordar que en unos presupuestos prorrogados sí que pueden incluirse gastos de inversión, pero con limitaciones estrictas basadas en la continuidad de proyectos ya existentes.

Aunque la prórroga implica mantener los créditos iniciales del año anterior, el marco legal permite adaptar las inversiones bajo ciertas condiciones: 

  • Proyectos plurianuales y en curso: podrían seguirse financiando inversiones que ya estaban contempladas en el ejercicio anterior a la prórroga y que no hubieran concluido, permitiendo la ejecución de obras o compras plurianuales.
  • No son prorrogables las inversiones finalizadas, por lo que los créditos destinados a servicios o inversiones que debieron concluir en el ejercicio anterior al comienzo de la prórroga no se prorrogan.
  • Gastos ineludibles: se garantiza el funcionamiento estructural del Estado, lo que permite la gestión de las inversiones comprometidas.

Y es que la prórroga, versus artículo 134.4 CE, funcionan bajo el principio de no incremento, prorrogándose por la misma cuantía, y eliminándose  los gastos de proyectos finalizados o que no tengan continuidad, sin que tal principio supongan una congelación, pues ciertos gastos como pensiones, salarios públicos o deuda pueden aumentar el gasto, como ocurrió en 2024 con un aumento de 35.000 millones a pesar de la prórroga. 

El problema es que, en este país, en los contratos de obra no se refleja el necesario mantenimiento de la misma, sino que normalmente se deja para un nuevo contrato la pavimentación de la autopista o autovía, el techado de la estación de tren/guagua/bus, la canalización del barranco, el aseguramiento del estado de presas y embalses, o el cambio y mantenimiento de raíles, pasando a un postrero y residual contrato de servicios a una subcontrata y que ahora está prácticamente paralizada. 

Esta es la situación y, como dije, de haber sido un cumplidor, habría hablado de ello, o del “magnífico servicio” de aquel 3 de marzo de 1976, época de la gloriosa y ejemplarizante Transición española, en la que los 4.000 trabajadores reunidos en asamblea en la iglesia de San Francisco de Asís del barrio de Zaramaga  fueron desalojados con gases lacrimógenos y fuego real a los que salís del recinto, con el resultado de 5 muertos y 150 heridos, en la que ya estaba con nosotros el emérito, el que al parecer defendió la democracia el 23-F pero no se molestó en que los hechos fueran investigados y enjuiciados. El mismo emérito que en sus conversaciones postcoitales con la vedette Bárbara agradecía el silencio de Alfonso Armada. El mismo emérito que pretende volver a Zarzuela y que le den una paguita, aunque tenga su residencia fiscal en los Emiratos. El mismo emérito  que se queja en sus Desmemorias que es el único español sin pensión ni sueldo por los 38 años prestados de servicio público, que pidió una y otra vez a sus amigos para cualquier tipo de gastos y que le dijo a una de sus amantes que le aguantara el cubata de 65 millones de dólares y que la Corinna decidió beberse sin respirar. 

HiroHito, emperador de Japón entre 1928 y 1989. La primera parte de su reinado estuvo marcada por la política imperialista agresiva de Japón, que comenzó con la invasión de China en 1931 (Manchuria) y 1937. Al concluir el Pacto Anticomintern con Alemania (1936) y luego la Triple Alianza (1940) con Alemania e Italia, cedió a la presión del mando militar y entró en la Segunda Guerra Mundial atacando a Estados Unidos (Pearl Harbor, 1941)

Afortunadamente, no he tenido que hablar de ninguno de esos temas porque cuando me iba a poner a ello, los señores Trump y Netanyahu decidieran matar a la cúpula militar, política y religiosa de Irán, pese a que el propio mediador de Omán, Al Busaidi, se reuniera con Vance horas antes de bombardear Teherán, y después de que Irán aceptara, por primera vez, a no acumular uranio enriquecido y degradar el existente. Y es que esto es la mayor demostración de que el interés no era lo  que se solicitaba, sino la excusa. Y cuando se  aceptó por parte de un gobierno que no merece otra cosa sino su enjuiciamiento, los líderes del mundo libre y demócrata deciden aniquilarlos, no vaya a ser que se les ocurra hacer un arma atómica y lanzarla y sin que quepa el que Irán o cualquier pueblo pueda acogerse a un programa de energía nuclear como sí tienen esos países libres, que en uno de los casos, sí que optó por lanzar no una sino dos contra dos ciudades japonesas y no contra la capital, no fueran a matar al que los mandó a la guerra y que casualmente no fue enjuiciado como criminal de guerra tras la Segunda Guerra Mundial, al considerar los Estados Unidos que Hiro Hito era útil  para mantener la estabilidad, la estabilidad y la transición de Japón  hacia una monarquía constitucional, presentándolo como una figura simbólica sin poder real, cuando el propio tránsito a la monarquía constitucional provenía de un a monarquía absoluta en la que el emperador ostentaba el poder, renunciando oficialmente a su status de divinidad en 1946, y manteniéndose en el trono hasta 1989. 

Y entre tanto retraso en el envío, comienzan a llegar tantas noticias como mentiras, y junto con el bombardeo quirúrgico al alto mando iraní, cae otra bomba sobre una colegio de niñas sin que se sepa la razón, o el escudo aéreo israelí con una efectividad del 90 por ciento no intercepta el primer misil enviado sobre un barrio residencial y un refugio, o que los miles de españoles que trabajan en los países cercanos y que están siendo bombardeados por Irán no obtengan información desde las embajadas españolas sobre los protocolos de actuación, y menos los que están de turismo, a la espera de que la señora Montero finalice su acto alternativo del día de Andalucía y su amado líder se quite  la pajarita tras la gala de los Goya y llame a Úrsula para hablar no solamente de Ucrania, sino de una cosa que como entidad supranacional tienen los 27 llamada “Política Exterior y de Seguridad Común” (PESC), por la que los Estados miembros tienen el compromiso a una política común para hablar y actuar como uno solo en la escena internacional, y que ha llevado a que España se desmarque de la declaración oficial de la UE.

Es una ventaja ser incumplidor, porque este domingo la UE ha emitido una declaración formal sobre el conflicto  en la que exige contención a todas las partes, condena los ataques de Irán a los países del Golfo y advierte que una escalada prolongada tendría consecuencias impredecibles para la seguridad de Europa y la economía global, incluido el cierre del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20 por ciento del petróleo del planeta. Y, claro, la Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores ha publicado en nombre de los veintisiete, incluida España, una declaración formal en la que el bloque comunitario toma posición con tres mensajes claros: contención máxima, protección de civiles y compromiso con la vía diplomática para evitar que Irán alcance la bomba nuclear.

Este comunicado llega pocas horas después de que Kaja Kallas, jefa de la diplomacia europea, calificara la muerte del ayatolá no como una atentado, un asesinato, un crimen, un homicidio, una muerte, sino como un “momento definitorio en la historia de Irán”.  No sé si la diplomacia europea se ha puesto de acuerdo para no condenar las chulerías de Trump en Groenlandia, las amenazas a México, Cuba y Colombia, o por qué demonios hay que aguantar que este sociópata planifique planes de paz para Gaza o Ucrania en los que el Estado invasor y genocida es el que se queda con el terreno invadido ilegalmente. Lo que sí que sé es que en este planeta han desarrollado armas nucleares Estados tan poco democráticos y gobiernos tan atroces como Pakistán, que escondía en un complejo residencial fortificado a 50 kilómetros de Islamabab a Osama Bin Laden, destruido tras la operación  de eliminación para eliminar la posibilidad de que se convirtiera en lugar de culto. 

Tampoco se entiende que ese al que le estrecha la mano Donald, Vladimir, sea el continuador en la facilitación de medios, técnicos, instrumental, material, para que Corea del Norte disponga de un arsenal nuclear fruto de incumplimiento de acuerdos internacionales y de financiación ilícita.

Si seguimos por aquí dentro de un mes, a lo mejor me atrevo a hablar de lo que ha pasado en marzo.


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