La Inteligencia Artificial que nos llega
Inmaculada Vázquez.
Julio/26.
Confieso que siento una mezcla de fascinación y de miedo. Fascinación porque estamos viviendo una revolución tecnológica como pocas ha conocido la humanidad. Miedo porque cada día descubro algo nuevo que la inteligencia artificial es capaz de hacer y me pregunto dónde está el límite.
Hoy una IA puede escribir un artículo, redactar un libro entero, componer una canción, crear la voz de un cantante que jamás ha existido, pintar un cuadro, diseñar una casa completa o decorar cualquier estancia con un gusto y una rapidez que, hace apenas unos años, parecían imposibles. Lo que antes requería semanas de trabajo ahora puede hacerse en cuestión de minutos.
Y entonces surgen las preguntas. Si una IA ya puede hacer todo esto, ¿qué será lo siguiente? ¿Veremos desaparecer profesiones que hasta ahora parecían intocables? ¿Arquitectos? ¿Abogados? ¿Mecánicos? ¿Y los médicos? ¿Llegará el día en que entremos en una consulta y quien nos atienda sea una máquina capaz de analizar nuestros síntomas, interpretar pruebas, detectar la enfermedad y ofrecer el tratamiento adecuado en cuestión de segundos? Sinceramente, no me parece una idea tan lejana.
Cada revolución tecnológica ha eliminado algunos trabajos y ha creado otros nuevos. Ocurrió con la Revolución Industrial y ocurrió con Internet. Pero esta vez hay una diferencia enorme: la velocidad. Nunca antes un cambio había llegado tan deprisa ni había sido capaz de afectar a tantas profesiones al mismo tiempo.
La inteligencia artificial no se cansa, no duerme, es capaz de procesar cantidades ingentes de información y su desarrollo mejora constantemente. Eso obliga a todos, sin excepción, a adaptarnos y a reinventarnos. Quien ignore este cambio corre el riesgo de quedarse atrás.
No creo que la inteligencia artificial sea el enemigo. Bien utilizada, puede ayudarnos a vivir mejor, a trabajar mejor y a resolver problemas que hoy parecen imposibles. Pero también creo que debemos reflexionar sobre el mundo que estamos construyendo. Porque si una máquina puede escribir un libro, diseñar una vivienda, crear música, diagnosticar enfermedades o realizar tareas reservadas hasta ahora al talento humano, la gran pregunta ya no es qué será capaz de hacer la inteligencia artificial. La verdadera pregunta es cuál será el papel del ser humano dentro de unos años.
Estamos entrando en una nueva era y, aunque resulta apasionante, confieso que también impone respeto. Porque quizá el mayor desafío de nuestra generación no sea aprender a utilizar la inteligencia artificial, sino aprender a convivir con una inteligencia que nosotros mismos hemos creado. Y lo peor de todo es que mucha gente no es consciente de lo que se nos viene encima...
Añadir comentario
Comentarios