Errores


Gregorio Duque.

Abril/26.

 

El 22 de julio de 1797, el contralmirante Horacio Nelson lanzó un ataque contra la ciudad de Santa Cruz de Tenerife, siendo rechazado el 25 de julio del mismo año, jornada en la que los ingleses se retiraron con cientos de bajas después de una tregua. El mismo Nelson finalizó con heridas en el brazo que le supusieron su amputación parcial. 

 

 Durante todo el año 1797 los ataques británicos a las posesiones e intereses españoles fueron continuos: Jervis destrozó a los españoles en la batalla del Cabo de San Vicente, aunque poco después fue rechazado de Cádiz por Mazarredo; se produjo la toma de la isla de Trinidad; se sufrieron amenazas en el Río de la Plata; hubo un desembarco en Puerto Rico y, Nelson atacó Santa Cruz de Tenerife, única plaza fuerte  de Canarias, con una población que no llegaba a los 8.000 habitantes, viviendo alrededor del castillo de San Cristóbal, la Iglesia de la Concepción y los desembarcaderos. 

Con 9 navíos equipados con 393 cañones y una fuerza embarcada de 3.700 hombres, el inglés creyó que la ciudad canaria sería presa fácil, al estar defendida por una guarnición de algo menos de 1.700 hombres entre soldados regulares (60 artilleros, 247 soldados del Batallón de Infantería de Canarias, 110 hombres de los Cazadores Provinciales y 60 soldados de la Bandera de Cuba), marineros (entre ellos 110 de la corbeta francesa "La Mutine"), milicianos (330 de las Milicias de La Laguna y Orotava) y sobre todo civiles (desde labriegos a pescadores, pasando por artesanos y criados), además de 89 cañones distribuidos en 16 baterías. Era una batalla desigual en la que los españoles tenían todas las de perder.

Sin embargo, el general Antonio Gutiérrez de Otero, natural de Aranda de Duero (Burgos) y entonces gobernador de Tenerife, dispuso una movilización para defender la isla frente a los ingleses. Tras un par de intentos de desembarco que acabaron mal para los atacantes, Nelson se dirigió sin más rodeos a Santa Cruz al anochecer del 24 de julio, empezando el desembarco en la mañana del día siguiente. Las baterías de Santa Cruz de Tenerife y la infantería española barrieron a los atacantes, mandando a pique al cúter HMS Fox. Antes de poder pisar tierra el propio Nelson fue malherido por un disparo procedente de un cañón de bronce fundido en Sevilla en 1768 y conocido como "Tigre". Nelson tuvo que ser evacuado y a consecuencia de las heridas sufridas, perdió la parte inferior del brazo derecho. Los ingleses, acorralados, capitularon esa misma mañana, sufriendo grandes pérdidas: 700 bajas entre muertos y heridos, frente a sólo 24 bajas españolas. En una carta -la primera que escribió con su mano izquierda tras perder la diestra-, Nelson agradeció a los españoles el buen trato dado a los heridos ingleses. Y al volver a su patria, Nelson justificó su derrota alegando que se había topado con 8.000 defensores, dato completamente falso. 

Dicho todo lo anterior, no haber dejado entrar a los ingleses es unos de los grandes errores que mitad en broma, mitad en serio, los tinerfeños nos echamos en cara, junto con haber dejado salir al general después de reunirse en las Raíces el 16 de junio de 1936 con unos cuantos amigos para escuchar el partido del Victoria Española contra el Malditos Roedores.

Pero ahí ya el error sobrepasa al isleño. Un mes antes del golpe, a sabiendas de lo que había con Mola, con Sanjurjo, con Queipo, no le dan la importancia que se merece a la reunión de Franco con militares y civiles para poner a punto la sublevación, y el 23 de junio Franco envía una carta a Casares Quiroga, por entonces presidente del Consejo de Ministros, para justificar la reunión de amigos, solicitando al Gobierno que se dejase asesorar por los generales que, “exentos de pasiones políticas”, se preocupaban por las inquietudes y preocupaciones de sus subordinados ante los graves problemas de la Patria. 

Y es que si un general se reúne a escondidas y te lo justifica hablando de la Patria, tienes dos únicas opciones: detenerlo o huir, pero nunca creer ese argumento. 

Y lo mismo el creer que la democracia no precisa reforzarse sino todo lo contrario, pese a los intentos de unos y otros en resquebrajarla, y pese a que muchos de los mayores hijos de la gran puta que han llegado al poder lo han sido por las urnas o con sublevaciones contra democracias débiles, sin que las democracias se vean capaces de combatir a quienes se aprovechan de ella para inyectar el virus antidemocrático y sin que sea capaz de encontrar respuestas que puedan extirpar, que no parchear, el tumor. 

La política migratoria europea ha sido un error y peor error el cómo, el cuándo y el por qué ahora. Durante muchísimo tiempo, Europa no supo controlar la migración, no supo o no quiso ofertar puestos de trabajo a los países europeos no comunitarios y al resto de países. Ni siquiera exigió el conocimiento de algún idioma comunitario. Y tras años y años en los que crecía el malestar y aumentaba el populismo, la única puesta en común que se recuerda fueron las segundas vueltas en las elecciones francesas para evitar la llegada del partido de la familia Le Pen, al que ya le vota hasta parte del electorado fiel de François Miterrand. 

Orbán en Hungría y Mateusz Morawiecki en Polonia encabezan dos democracias liberales que han asestado importantes golpes contra el Estado de derecho. Ambos ejecutivos han recortado libertades a las mujeres y a la comunidad LGTBI, han criminalizado la migración con una retórica islamófoba y están enmanillando tanto el sistema judicial como los medios de comunicación. En Eslovaquia ya hay presencia neonazi en su Parlamento. En 2013, el ultra Estonio Martin Helme resumió así su política migratoria: “Si eres negro, vete”.  Ya hay siete países de veintisiete con gobiernos ultras, y otros tantos con influencias en la oposición, casos de Francia o Alemania, al igual que en Finlandia o Dinamarca, donde lideran  la oposición, o Bélgica siendo la segunda fuerza opositora. 

En España, Vox es ahora mismo la tercera fuerza parlamentaria, intentando forzar un giro al PP e influenciar en sus gobiernos autonómicos y más que probablemente en su próximo gobierno nacional. Un VOX que aplaude con las orejas al pedófilo Donald Trump, ese que destituyó a la Fiscal General por no eliminar, que no tapar, la inmundicia de Epstein que lo encharca hasta las trancas, ese que tal como señaló recientemente un juez de Washington, no estaba investido de inmunidad cuando impulsó la toma del Capitolio. Y sigo sin entender cómo en este jodido país, esta panda de inútiles que dicen representarnos y evitar que llegue a la Vicepresidencia, sean incapaces de señalar todos los enormes errores que ha cometido, está cometiendo y presumiblemente va a cometer, igualando con ello con los errores cometidos de forma repetida por esos demócratas de toda la vida, que cuando ven que les están comiendo la tostada por sus inutilidades, es cuando ahora quieren vendernos la nevera de pilas de un endurecimiento de la política migratoria con la aprobación del nuevo Reglamento de Retorno, permitiendo el traslado a centros de retorno en terceros países siempre que exista acuerdo previo con esos Estados y se respete el derecho de no devolución, siguiendo ya el modelo de Italia, y que te obliga necesariamente a preguntarte: ¿Se ha hecho buena, entonces, Meloni, o se han vuelto idiotas los “buenos”? 

Y dije que ahora ya es un error, porque, afirmo, este Reglamento no es consecuencia sino del temor a perder el poder, y no por solucionar el problema, porque el problema, desde hace mucho y lo saben todos y cada uno de los 27 gobiernos de la UE, de cada veinte deportaciones en suelo comunitario, se ejecutan realmente cinco. 

Y claro, el problema es que vengan las extremas derechas, cuando lo cierto es que ya han llegado: la aprobación del Reglamento ha sido posible por el acuerdo del Partido Popular Europeo y fuerzas conservadoras de extrema derecha. Esas fuerzas, como la del Sr. Abascal, que es capaz de seguir a Donald hasta en su proyecto de quedarse con Groenlandia, aunque tenga que ir contra un país miembro de la OTAN, o su no apoyo a Ucrania invadida por un tirano imperialista como Putin, o masacrar un país al que nueve meses antes había atacado con la operación Martillo de Medianoche con bombarderos y submarinos la planta de enriquecimiento de uranio de Fordow, la instalación nuclear de Natanz y el Centro de Investigación y Tecnología Nuclear de Isfahán con más de una docena de bombas GBU-57A/B MOP de 13 608 kilogramos, y que fueron un total y absoluto éxito pese a bombardear Irán nuevamente este último mes porque ya Irán disponían poco menos de una capacidad inmediata en tener armas nucleares. 

Trump es bueno, haga lo que haga, y no hay quien le chiste aunque sea cosa de chiste. Aunque mande matar en Minneapolis, aunque sea un pedófilo, aunque sea un profundo y repetido mentiroso, aunque sea un abusón de patio de colegio, aunque su religión de cartón piedra permite los abusos de Netanyahu a los católicos en Israel, en Irán o en el Líbano. Aunque sean ilegales sus aranceles que manden a más de una empresa de tu patria al camposanto. Aunque haya sido elegido nuevamente por el electorado norteamericano. Aunque pretenda imponer sus caprichos a una organización internacional sin comunicar siquiera sus intenciones.

  1. Miguel de Unamuno nos dejó frases como “el fascismo se cura leyendo y el racismo se cura viajando”.  No creo que Donald lea historia, y menos aún el asalto de Nelson a Tenerife. La acumulación de marines no parece que sea para hacer imaginarias y desfiles en los países amigos del Golfo, donde hay más golfos que países. Y si baja a tierra, al igual que en Tenerife, o que en Vietnam, el país invasor recibirá los cuerpos en cajas, aunque prometiera que nunca más los soldados americanos volverían en ataúdes, y volvería a repetirse el error de aceptar que las bombas se sueltan  y los cargadores de los fusiles se vacían de forma indiscriminada contra niños y ancianos por un patriótico y desinteresado interés de buscar la paz.