Dios aprieta, pero no ahoga.


Josemi Montalbán.

Octubre/26.

Mientras la ciudad dormía, el insomnio me hacía pensar en cómo el adelanto electoral provocado por el rechazo a los decretos sobre la vivienda presentados por el Gobierno a la consideración del Parlamento ha hecho aflorar la verdadera personalidad de unos candidatos que, a pesar de no haberse cansado de repetir que estaban preparados, tengo la impresión de que la jugada de Sánchez ha cogido a calzón quitado.

La precipitación, la improvisación incluso, con que la banda bandolera de extrema derecha Partido Popular, está encarando la cita del 29N, a rueda del disparate que siembra el clan troglodita VOX, que le está robando incluso el voto de doña Sira -honestísima mamá de Feijóo-, desvela hasta qué punto en Génova13 van como pollo sin cabeza, completamente desnudos de propuestas serias, intentando taponar las vías de agua que les abre la formación de Abascal, que se los está merendando hasta el punto de que igual es Feijóo quien nos hace presidente a Santiago, si Pedro no lo impide.

El candidato de la banda genovesa, Alberto Núñez Feijóo, lleva cuatro años instalado en la frustración, en la rabia, en el pataleo inmaduro y machacón del niño pequeño al que Papá Noel no le ha traído el juguete que con tanta ilusión esperaba. Un trepa acomodado a la política vasalla gallega, con medios de comunicación que no muerden la mano que les da de comer, con un inmenso comedor institucional del que se alimentan miles de estómagos, lógicamente agradecidos, y una travesía legislativa en narcolancha, sin sobresaltos, navegando en una mar muy en calma, propia de mayorías parlamentarias ciegamente obedientes, como todas.

Sin embargo, Feijóo es el hombre <<tapón>> que llegó a la política nacional para tapar el enorme agujero abierto en el casco fascista por el iceberg Casado aquella mañana en la COPE, cuando tuvo el resbalón de denunciar la corrupción que rodea a la virreina de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, una soberana irascible que no tardó en montar en cólera, aplicar el código de venganza que establece toda mafia y ordenar la inmediata defenestración del insolente. Todo ello precipitó una solución de urgencia: colocar al parche Feijóo, que no cumplió del todo con su cometido y por eso le está costando mantener a flote el buque genovés, soportando, por un lado, la presión de una perturbada y endiosada hasta el descuido Ayuso, que lo obliga a navegar escorado muy a la derecha, tanto que el pirata Abascal ha abordado el cayuco con el que la banda bandolera Partido Popular pretende emigrar hasta Moncloa; y, por otro, la presión del pirata que, inmisericorde, propone cada día un nuevo disparate al que un Feijóo sin personalidad, carisma, preparación ni dote alguna para la tarea de gobierno y ni el liderazgo se suma, con la esperanza de que Santiago supla a papá Nicolás y le traiga, poco antes de Navidad, el tan ansiado juguete, dejando para el pirata la tarea de gobierno, ¡y que no nos pase nada!

Un candidato a la presidencia del Gobierno, Alberto Núñez Feijóo, que ha demostrado sobradamente que no está capacitado para presidir ni la comunidad de vecinos genovesa; que no ha hecho ni una sola propuesta política más allá del sempiterno y poco democrático <<hay que echar a Sánchez>>; que no ha acumulado más mérito que el de injuriar al candidato socialista, rodearse de gente bastante más incompetente e inútil que él para que nadie pueda moverle la silla y mentir como el bellaco que es. Y todo ello para ofrecer a los españoles, como currículo político, un tocho de barbaridades y garantías sobre legislación que ya está legislada y garantizada, antes de pedirles que le otorguen el inmenso honor -mediante una mayoría parlamentaria en coalición con lo peor de cada casa- de presidir el Gobierno de España, sin merecer tal honor y, sobre todo, sin haber aprendido antes ni a utilizar los cubiertos para no dejar mal a los españoles en las cenas de gala con otros mandatarios internacionales, confiando en que ya se lo indicarán Trump o Milei, que Dios aprieta, pero nunca ahoga. Al menos hasta el 30 de noviembre.


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