Insultos, descalificaciones, querellas y presunción de inocencia


Alberto Granados.

Mayo/26.

 

"La desleal oposición lleva toda la legislatura exigiendo la dimisión de Sánchez y la convocatoria de elecciones. Me opongo radicalmente a un adelanto electoral, pues la presión en este sentido se convertiría en un mecanismo antidemocrático para arruinar la decisión de las urnas y la aritmética parlamentaria".

 

Nos hemos acostumbrado a asumir que la relación entre partidos políticos tiene que ser el trato bronco, la siembra de sospechas no contrastadas, el dato ofensivo, el insulto, la acusación de delito sin aplicar el principio sagrado de la presunción de inocencia. Dicho de otra forma: la vida política se ha convertido en un intransitable aquelarre que ocupa la mayor parte de los telediarios, la prensa escrita o esas redes que Antonio Muñoz Molina ha llamado redes fecales.

Cada ciudadano intentará arrimar el ascua a su sardina ideológica y culpabilizar al bando contrario, pero eso no es más que un triste autoengaño y no puede aparecer elevado a la categoría de verdad irrebatible. Si un político no ha cometido ningún acto delictivo, por mucha basura que se vierta sobre su dimensión pública seguirá siendo inocente y no será él quien tenga que demostrar su inocencia, sino sus oponentes los que deberían demostrar su culpabilidad. Eso es una cuestión de argumentación lógica, pero la capacidad argumentativa se ha cambiado por el manejo de las falacias, a veces delirantes embustes que, incluso con toda su grosera zafiedad, consiguen engañar a mentes acríticas y predispuestas.

Para mí, que viví la transición, este festival de maneras impresentables lo inició Aznar cuando habilitó su mantra del «Váyase, señor González» y desde entonces la presión se ha convertido en una atmósfera irrespirable que, a mi entender, alcanza su mayor protagonismo en el PP y en Vox.

El diputado de Vox, Carlos Flores. (EuropaPress)

Políticos como Feijóo y sus palmeros (Cuca Gamarra, Tellado, Sempere, Bendodo, de los Santos, Esther Muñoz…) o los cromañones de Vox acusan a Sánchez de corrupto. Manos Limpias pasea por media España autobuses decorados con la imagen del presidente y la palabra «Corrupto». Tal campaña debe de costar un capital considerable que alguien paga, sin que ningún Fiscal haya denunciado ni ninguna policía se haya visto obligada a investigar. Arrastrar el prestigio de alguien por simple desacuerdo político es ya una especie de deporte nacional que ya parece casi algo natural. La lealtad entre contrarios, las buenas formas, la diferencia entre un político y un primate, el respeto, la cortesía parlamentaria… parecen conceptos sacrificados a los intereses políticos de estos partidos que, precisamente por ese motivo, generan en mí una suprema desconfianza, porque si supeditan todo valor ético a sus intereses políticos, está claro que yo también quedaré supeditado a sus arbitrariedades.

En las últimas semanas, con el ambiente caldeado de más por los eventuales pactos entre PP y Vox para formar gobiernos en Extremadura, Aragón y Castilla-León, más la campaña andaluza, insultos, desplantes y presunciones de delito, se lanzan como si la reputación de un político no valiera nada.

La desleal oposición lleva toda la legislatura exigiendo la dimisión de Sánchez y la convocatoria de elecciones. Me opongo radicalmente a un adelanto electoral, pues la presión en este sentido se convertiría en un mecanismo antidemocrático para arruinar la decisión de las urnas y la aritmética parlamentaria. Si cada vez que un partido pierde el poder dedica su esfuerzo a crear un ambiente artificiosamente delictivo, la sentencia de las urnas no servirá para nada.

De Sánchez, de su esposa y de su hermano se han dicho barbaridades que han llegado a los juzgados, pero aún no hay una sentencia firme que obligue moralmente a dimitir al presidente: solo hay rumores interesadamente difundidos y querellas que, en algunos casos parecen tomaduras de pelo (estoy pensando en el juez Peinado y lo que ya considero un caso de acoso judicial a la esposa del presidente, pero desde luego, no es el único togado sesgado).

Para ejemplificar lo que he expuesto, a continuación, repaso la hemeroteca reciente.

Abascal, en el conflictivo mitin de las Pasiegas llamó hijo de puta a Sánchez, algo que ya viene siendo habitual en cada comparecencia pública del presidente.

Durante la campaña electoral de Aragón, el presidente Sánchez participaba en un mitin en Teruel cuando se oyó un clarísimo Hijo de puta, que había lanzado Belén Navarro, una concejal popular del ayuntamiento de Vallanca (Valencia).

Cayetana Álvarez de Toledo, durante una sesión parlamentaria denunció que detrás del No a la guerra del gobierno solo hay una cortina de humo para tapar la corrupción. De paso acusó a Sánchez de haber usado el dinero de las saunas de su suegro para financiar su campaña. Obviamente no aportó prueba alguna. ¿Para qué entrar en esos detalles?

Si viajamos a Valencia, encontramos a Susana Camarero, vicepresidente de las Corts, que ante las críticas vertidas contra el empleo y el sueldo con que se ha premiado a la esposa del president, afirma, con una desvergüenza de ámbito suburbial, que «Son ustedes unos machistas de libro que consienten que el Gobierno esté lleno de prostitutas». ¿Se puede ser más barriobajera?

Rosa Belmonte, periodista, declaró en El Hormiguero de Pablo Motos que la igualmente periodista, pero de izquierdas Sarah Santaolalla, era "la mitad tonta, la mitad tetas".

Cayetana Álvarez de Toledo, diputada del Partido Popular, y marquesa de Casa Fuerte.

El ya mencionado Jaime de los Santos, ante la grave diferencia entre el núcleo socialista y el de Sumar en el seno del Gobierno se refirió al decreto que ocasionó la diferencia en estos términos: «Fue un decreto, por cierto, que es ya la madre de todos los disparates. Y es que fue aprobado a cachitos, en un Consejo de Ministros casi dinamitado, en el que Yolanda Díaz, Urtasun, Sira Rego, Mónica García, estos personajes que eran los que estaban en las plazas aquel 15M, casi siempre bastante poco aseados, decidieron quedarse fuera. no fuera a ser… Y me refiero a falta de aseo personal e intelectual, pero esto es otra cosa».  Años antes, Celia Villalobos ya había incidido en el mismo asunto.

El bulo que afirma que Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, es una mujer transexual es una campaña de desinformación transfóbica y conspiranoica difundida en redes sociales. Lo afirma Pilar Baselga, una agitadora ultraderechista, que dice que la esposa del presidente es Begoño, según ella, un hombre transexual.

Si cada vez que el PP no consigue gobernar, va a iniciar una campaña así de sucia, está claro que nuestro sistema democrático falla por esa derecha que no va a olvidar las formas del franquismo y que tendría que usar muy cautelosa al usar la palabra corrupción por si alguien le recuerda los pagos en B, el arreglo de la sede de Génova, la destrucción de los discos duros del partido, los exministros juzgados y condenados que cumplen condena en cárceles… 

Renuncio a reflejar más casos de insulto: basta con abrir cualquier periódico o ver un telediario para comprobar que el nuevo estilo faltón ha sustituido a la oratoria parlamentaria, el enfrentamiento al debate, la acusación sin pruebas a las ideas. En síntesis, el caciquismo del PP ha acabado con la democracia y eso es muy grave.


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