Dádmelo Hecho
Daniel Martín.
Marzo/26.
El 23 de febrero de 1981, España estaba entre la espada dela violencia etarra y la espada de la violencia fascista, entre el recelo de los españoles hacia el nuevo régimen y el miedo a la vuelta del viejo.
Al cumplirse los 45 años del golpe de estado perpetrado en España por un grupo de militares sediciosos que quisieron devolver al país a las cavernas del terror, la represión y el odio, nos ha conducido a una desclasificación muy, muy descafeinada de unos archivos secretos referidos a aquel momento histórico, que no han servido para despejar ninguna de las grandes dudas que rodean el 23F, muy al contrario apuntan a que aquel acto fue un montaje, una cortina de humo, urdida por políticos y militares que no veían otra salida para que el país no se fraccionara, y que con la connivencia del jefe del estado, planearon un retorno a lo anterior, sin que pareciera que se retornaba a lo anterior, escenificando un golpe de estado que en realidad era una excusa de mal menor para vender al pueblo, en un ejemplo de vamos con esto y luego ya veremos tan español.
Fue el gran espectáculo que sirvió para asegurar la corona y consagrar la Transición como el gran milagro español, que permitió la mentira de la democracia institucional, con un rey salvador, con un Parlamento víctima, cuando la realidad es que la democracia en España fue posible al sacrificio, la tolerancia, la paciencia y la sangre del pueblo español.
Que el Ejército se puso del lado del Rey. Las conversaciones que acabáis de mostrar dan cuenta de que realmente no era así.
El rey no salvó nada, no se puso del lado de la “legalidad” hasta que el fracaso del golpe estuvo claro, porque la mayoría de los militares no tuvieron claro que el pueblo fuese a bendecir un nuevo gobierno presidido por un militar, por muchos ministros socialistas que tuviera, el ejército estuvo barajando la posibilidad de una revolución que diera al traste con el plan de perpetuar el régimen franquista sin Franco, y finalmente concluyó que el riesgo era demasiado alto y no sumarse al llamamiento de los sediciosos.
No hemos podido despejar la duda sobre si el rey ordenó el golpe, pero lo que si sacamos en claro es que sí lo supo, estaba al tanto de lo que iba a ocurrir y desde luego permitió que ocurriera, porque sucediese lo que sucediese él, Juan Carlos de Borbón, salía reforzado en su trono, por eso lo de... “dádmelo hecho”.
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