La legua de Chespir

Alberto Granados.

Noviembre/26.

 

"Sin el idioma de Chespir, nuestras magdalenas volverían a llamarse magdalenas, en vez de muffins, nuestros bocadillos dejarían de ser sandwiches, y desconoceríamos la nueva costumbre del brunch, que con tantas prisas se ha impuesto. No conoceríamos tampoco el hobby del take away."

 

No sé qué haríamos sin la lengua de Chespir. Hasta hace poco nos defendíamos con la de Cervantes, pero dónde va a parar. Con esta última no podríamos hacer nada de lo que hacemos normalmente usando la lengua inglesa. No estacionaríamos el coche en un parking, ni iríamos al gym a hacer spinning por la cosa del fitness, ni necesitaríamos la ayuda de un personal coach, ni nos colocaríamos de community manager ni seríamos influencers, bloggers, tiktokers, youtubers o instagrammers, algo esencial para convertirnos en celebrities.  Mucho menos conseguiríamos que una de esas estupideces que se cuelgan en redes llegara a trending topic. Además, habría que cambiarle el nombre a Masterchef y nos quedaríamos sin brownies ni candy. Los comercios se llamarían tiendas y no shops…

En materia de finanzas, usamos la banca online, muy útil porque podemos controlar nuestra  credit card, que tanto usamos en el caso del contactless. Por otro lado, los magos de las finanzas no llamarían startup a las empresas emergentes y no existiría el coworking, que permite irse todos de copas en eso que llamamos afterwork.

Nada de comer en un self-service, mejor comprar en esos bares que nos preparan comida para llevar, o sea, servicio de delivery. Nuestras tabernas

volverían a llamarse así, en vez de bar o pub y cerrarían a la hora de la cena. Nada de fishandchips, snacks, burguers y esas variedades de fast food, con lo que volveríamos a nuestra tapa tradicional, tan rica.

Y nada de Black Friday, Halloween ni Eastern. No nos alojaríamos en un resort con spa ni dispondríamos de travel-checks. Volaríamos en Iberia en vuelos normales, nada de charters ni business-class y en el aeropuerto no tendríamos que hacer el check-in. Ni siquiera habríamos llegado a usar el trolley, sino que llevaríamos las clásicas maletas, si acaso con ruedecillas, normalmente atascadas.

Tampoco los homosexuales se llamarían gays, ya que se usarían las muchas formas que García Lorca reunió en uno de sus poemas de Poeta en Nueva York. Ni estaría tan de moda ese juguete sexual que, según estadísticas, tienen la mayor parte de las mujeres de hoy día: el satisfyer, ni habría sex-shops donde comprarlos directamente.

Sin el idioma de Chespir, nuestras magdalenas volverían a llamarse magdalenas, en vez de muffins, nuestros bocadillos dejarían de ser sandwiches, y desconoceríamos la nueva costumbre del brunch, que con tantas prisas se ha impuesto. No conoceríamos tampoco el hobby del take away.

Respecto al mundo de la moda, los pantalones cortos serían justamente eso y no shorts, las chaquetas de espiguilla no serían tweed, las señoras llevarían la ropa interior de siempre en vez de meter sus formas en un body o realzar sus pechos en un Wonder-Bra o en un top o embutir trasero y piernas en unos leggins o en un panty. Se ve que la tendencia va hacia la ropa casual, sin convencionalismos: easy wear.

¿Y la música? Sin el inglés, no sabríamos nada del blues, del rock&roll, de la música pop, del swing, del jazz, el rythm&blues, el soul, el country, el funk, el trap, el house, el techno… y seguiríamos oyendo a Concha Piquer, al Dúo Dinámico y a Manolo von Escobar y las zarzuelas que adoraba mi madre y que canturreaba en la cocina mientras preparaba sus sabrosos guisos, ajena por completo a la nouvelle cuisine. Incluso nos podríamos haber librado de una tortura como el reguetón. Variantes como el rap, el hip-hop, el trance, la música disco, el grounge, etc.  no nos dirían nada y nos conformaríamos con las baladas de los italianos y los franceses de los sesenta, aunque nunca se sabe qué pasa con la industria del entertainment ni con el show business, que viene a ser quien, mediante sabrosos video-clips y spots comerciales, determina nuestros gustos. Ahora es muy fácil para cualquier manager colocar a uno de sus artistas en el top hit. Y no sabríamos qué es una performance ni un show.

¿Y el cine? ¿Seguiríamos anclados en el star system? ¿Gustaría tanto eso que hemos llamado spin-off o iríamos más al sitcom? Si no tuviéramos tanto dominio del inglés, las películas del oeste no serían westerns, ni las de misterio se llamarían thrillers, ni los dibujos animados se llamarían ni cartoon ni anime. Y nadie podría adelantarnos la identidad del asesino haciéndonos ese desagradable spoiler que tanto nos fastidia.

Gracias el inglés, hemos avanzado mucho. Es que el fucking castellano se estaba quedando muy rancio. What a shit, my bro! Adelante con el esnobismo y que siga el espectáculo: The show must go on que nos cantaban los chicos de Queen.


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