Chapoteo
Marzo/26.
Josemi Montalbán.
Créame, Pérez, cuando le digo que hemos pasado de la era de Acuario a la era del absurdo sin transición, a pelo y por lo crudo. Hasta hace cinco minutos era inimaginable, todo un ejercicio de distopía provocado por las más exóticas sustancias opiáceas, toparte con la imagen de grupos de pérfidos adeptos de la secta republicana, gente adoctrinada en el desapego de los símbolos patrios de la monárquica hispana, enarbolando la bandera de la España monárquica, cerrando filas en torno a su monárquico gobierno, unidos un el clamor general: NO A LA GUERRA.
Un verdadero dislate era pensar, hasta hace cinco minutos, en ver a grupos de adeptos a la secta fascista, a patriotas de muelle en el brazo y cara al Sol...que más les calienta. A esa legión de inasequibles al desaliento patrio, feroces defensores de nuestra bandera, que hasta hace cinco minutos consideraban exclusivamente suya, echarse a los pies de un gringo demente, y arrastrase por el suelo un chalado extranjero, podrido de dólares, eso sí, que amenaza a su sagrada España. A esa España que están dispuestos a salvar de los españoles que no piensan en modo fascista, de esa España que están dispuestos a salvar de la perniciosa influencia extranjera, deportando a mansalva a los extranjeros, que no tienen dólares en el bolsillo, de esa España que pretenden salvar de cualquier remoto atisbo de progreso. Patriotas de rancio abolengo, contrastado pedigrí y certificado de cristianos viejos, despotricar contra España, porque España es un clamor contra la guerra de los dementes.
Atravesamos, mi querido Pérez, la senda de un tiempo enloquecido, donde nada es lo que parece y todo el mundo aparenta ser lo que le gustaría ser, pero ni en sueños es. Un tiempo de moldes ideológicos, de pensamiento uniforme, de confrontación social entre sectas, de enfrentamiento entre adeptos, de locura, de sinrazón, de odio y fanatismo, de incomprensión, de imposición, de, “y tú más”, donde nos hemos olvidado de la presunción de inocencia, y debe ser el acusado el que demuestre su honestidad, mientras los deshonestos se pasean impúdicos, sentando cátedra sobre la inocencia, y de paso sobre las buenas costumbres.
Vivimos la era de los tontos, mi querido Pérez, tanto, que, para no pocos, la guerra es un mitin político, los muertos mera estadística, y ciento sesenta niñas asesinadas por un puñado de psicópatas hijos de puta, un simple daño colateral.
Hasta tal punto nos hemos degradado, mi estimado Pérez, que nos alegramos de chapotear en mierda.
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