Ceuta faena para puntilleros
Alberto granados.
Octubre/26.
¿Por qué nuestro Gobierno evita la acusación formal a Marruecos? Y, por encima de estas preguntas, la pregunta suprema: ¿por qué PP y Vox, en vez de colaborar con el Gobierno, se han dedicado a acusar de pésima gestión al Ejecutivo, cuya acción han torpedeado de mil formas, en la propia Ceuta, en las comunidades regidas por el PP e incluso en Europa? ¿Por qué ese desfile de personajes que han aparecido por Ceuta sin que se conozca la dudosa utilidad de su viaje?
En el vocabulario específico de la tauromaquia se usan las palabras «puntilla» y «puntillero», así como la frase hecha «dar la puntilla». La puntilla es un puñal corto con el que el puntillero destruye el bulbo raquídeo del toro cuando este ya ha caído y le provoca así la muerte instantánea. Respecto a la frase, dar la puntilla a algo o a alguien es provocar la caída, el fracaso definitivo, de alguien o de alguna situación ya de antemano complicada, débil o frágil.
Es lo que, según mi visión del asunto, suponen los sucesos de Ceuta respecto al presidente Sánchez y su Gobierno. Un intento de hacerlo caer definitivamente, tras los mil intentos de deslegitimarlo, acusarlo subjetivamente de corrupción, amenazarlo con juicios y cárcel y un sinfín de incriminaciones más que han ocupado el vacío de nuestra derecha, que desea fervientemente el poder, pero sin ninguna orientación: necesitan ser los amos y ya se verá después qué se hace; ideas hay pocas.
En Ceuta entran entre 72.000 y 80.000 personas, según las cifras evanescentes que se han manejado, respondiendo a una extraña convocatoria desde un perfil de WhatsApp que tiene una cantidad de miembros ya bastante sospechosa. Se les dice que quien entre en Ceuta va a ver cumplido su sueño de pasar a Europa en situación regular y toda una corriente migratoria se pone en marcha desde varios puntos de Marruecos y de otros países próximos para cumplir su sueño.
Con ello se crea un verdadero problema de logística: Ceuta carece de recursos propios —ganadería, agricultura, pesca…— y consigue abastecer a su población con graves dificultades. Un excedente de habitantes fuera de control constituye un verdadero problema que nadie había previsto, pero son personas a las que hay que atender.
A partir de este punto, las opiniones se diversifican: para nuestra derecha se trata de una invasión, aunque no hay armas ni intención de anexionarse el territorio, sino una realidad apocalíptica: el hambre. El Gobierno ha actuado mal o ha actuado bien, si es que algún Gobierno puede actuar, ya sea bien o sea mal, cuando la población se incrementa súbitamente de esta manera.
Para unos, hay que deportar incluso a los niños, aunque no se cumpla con la legislación; para otros, hay que mantenerlos y seguir los trámites. Para muchos, hay que echarlos porque su presencia les provoca molestias y miedo ante esas legendarias violaciones, esos casos de robo o esa fuente de infecciones que, según algunos, representan los migrantes, aunque nadie haya constatado fehacientemente una correlación entre la realidad y los bulos que se esparcen, hasta haber provocado reacciones de violencia fascista, como quemar las pobres pertenencias de esta pobre gente, tal vez el aspecto más lamentable de todo el asunto.
Cada cual tendrá sus ideas sobre este peligroso suceso, pero creo que hay que ir a la raíz del problema. ¿Quién ha puesto en marcha el proceso, con qué financiación y con qué oscuras intenciones?
Indudablemente, hay que pensar en una maniobra más, solo que esta vez mucho más turbia de lo permisible, por parte de nuestra derecha y extrema derecha, si es que a estas alturas cabe diferencia alguna entre PP y Vox. Hay analistas que señalan a Aznar a través de Netanyahu y Trump, pero no hay pruebas.
A mí, el aspecto que más me preocupa es justamente el origen del proceso. ¿Quién ha organizado la maniobra de hacer creer a una población sin expectativas que la entrada irregular a Ceuta suponía el inicio de un porvenir más próspero y esperanzador? ¿Con qué dinero se ha organizado un montaje que ha movilizado a tanta gente? ¿Qué papel ha jugado Marruecos, sus Fuerzas Armadas, cuando se ha visto a agentes marroquíes organizando los últimos metros de la corriente humana junto a la frontera y ha golpeado a los que, desengañados, volvieron en las primeras horas?
¿Por qué nuestro Gobierno evita la acusación formal a Marruecos? Y, por encima de estas preguntas, la pregunta suprema: ¿por qué PP y Vox, en vez de colaborar con el Gobierno, se han dedicado a acusar de pésima gestión al Ejecutivo, cuya acción han torpedeado de mil formas, en la propia Ceuta, en las comunidades regidas por el PP e incluso en Europa? ¿Por qué ese desfile de personajes que han aparecido por Ceuta sin que se conozca la dudosa utilidad de su viaje?
Hay una corriente de opinión, difundida como probabilidad en la prensa y en las redes, que señala a Trump y Netanyahu y a su Mossad, quienes habrían pedido al rey de Marruecos que les ayudara a poner a Pedro Sánchez en un aprieto que facilitara su caída. De ser cierta esta teoría, es evidente que sería la derecha la beneficiaria del montaje, esa derecha que habría asumido la tarea del puntillero.
Otra corriente de opinión pide la cabeza de Sánchez porque ni llama invasión a la maniobra ni ha optado por la fuerza bruta, esa que tanto le gusta a nuestra derecha.
Cada lector, cada elector, optará por una de las dos grandes corrientes. Yo, desde luego, prefiero mil veces al peor Pedro Sánchez frente al mejor Feijóo —si es que eso existe— y espero que el frío y la lluvia lleguen cuando toda esta pobre gente, los peligrosos invasores, esté a cubierto de las disposiciones legales y de las inclemencias de la intemperie, mientras espero ver a Sánchez que vuelve a levantarse y deja mudos a puntilleros y demás miserables.
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