Ceuta no puede ser la bala de Cañón de PP y VOX


Specula.

Septimbre/26.

 

Si finalmente se confirma una operación deliberada de Marruecos para presionar o desbordar a España, estaremos ante un asunto de Estado, no ante una oportunidad para hacerse una fotografía electoral.

 

Hay momentos en los que la política debería saber callar. Ceuta es uno de ellos. No porque los ciudadanos no tengan derecho a protestar —lo tienen y con toda razón—, sino porque convertir una crisis de seguridad nacional en un arma partidista revela algo bastante más preocupante que una simple discrepancia política: una alarmante incapacidad para distinguir entre defender a España y utilizar a España.

El PP y Vox han convocado concentraciones por todo el país en nombre de la solidaridad con Ceuta. Hasta ahí, nada que objetar. El problema empieza cuando esa solidaridad se convierte en un gigantesco mitin contra Pedro Sánchez, cuando la bandera española sirve de telón de fondo para pedir la caída del Gobierno y cuando una tragedia que afecta a una ciudad española se transforma en munición electoral a muy bajo costo. Las propias convocatorias y declaraciones de ambas formaciones han colocado en el centro la crítica al Ejecutivo.

Y eso merece una pregunta incómoda: ¿qué clase de patriotismo es aquel que necesita que España esté en crisis para que su partido gane puntos?

Ceuta no pertenece al PP. Tampoco a Vox. Y mucho menos pertenece a una estrategia de polarización diseñada para enfrentar a españoles contra españoles. Ceuta es España. Precisamente por eso, quienes dicen defenderla deberían ser los primeros interesados en que una crisis de esta magnitud no se convierta en una guerra partidista. Hace noventa años fue lo mismo.

Porque mientras Feijóo y Abascal se disputan el protagonismo de las concentraciones, hay una cuestión infinitamente más seria sobre la mesa: qué ocurrió realmente en la frontera.

Más de 70.000 personas entraron en Ceuta en aquel asalto a todas luces organizado. La magnitud del episodio hace difícil despacharlo como una simple stampedia espontánea organizada mediante redes sociales. Y ahora ha aparecido un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras que atribuye a autoridades marroquíes un papel organizador en la entrada masiva del 30 de julio. El contenido del informe está siendo objeto de controversia y el Gobierno niega haber conocido esas conclusiones con anterioridad. Malo si no estuvieron en su conocimiento porque desde dentro el Gobierno también recibe fuego amigo de subordinados; y peor si, a sabiendas, se han puesto de perfil para no incomodar a Marruecos. ¿No incomodar al que nos incomoda? ¿Al que agrede no solo a España sino a toda la UE?

Porque mientras Feijóo y Abascal se disputan el protagonismo de las concentraciones, hay una cuestión infinitamente más seria sobre la mesa: qué ocurrió realmente en la frontera.

Si finalmente se confirma una operación deliberada de Marruecos para presionar o desbordar a España, estaremos ante un asunto de Estado, no ante una oportunidad para hacerse una fotografía electoral.

Y aquí es donde la actitud de PP y Vox resulta especialmente discutible, impropia de aquellos que dicen querer gobernar este país. Si de verdad consideran que España ha sufrido una agresión o una operación de presión exterior, ¿por qué su primera reacción consiste en utilizarla para atacar al Gobierno español? Se pueden exigir responsabilidades a Sánchez sin convertir la debilidad de España en espectáculo. Se puede reclamar firmeza ante Marruecos sin presentar a nuestro propio país como un Estado fallido. Se puede denunciar una mala gestión sin regalar al adversario exterior la imagen de una España dividida. Entonces mirarían por la España de todas y todos.

La oposición tiene derecho —y obligación— de controlar al Gobierno. Pero también tiene una obligación superior: preservar los intereses de España.

Porque hay una diferencia entre patriotismo y patrioterismo. El patriotismo exige responsabilidad incluso cuando gobierna el adversario. El patrioterismo necesita enemigos, consignas y cámaras para enardecer a las masas con un norte espurio.

Por eso estas concentraciones y otras que vendrán corren el riesgo de convertirse en algo que poco tiene que ver con Ceuta. Una manifestación que debería enviar un mensaje de unidad a Marruecos puede acabar enviando otro muy distinto: que en España cualquier crisis nacional puede ser inmediatamente convertida en munición electoral.

Eso no es defender a Ceuta.

Eso es utilizar a Ceuta como munición de bajo costo.

Y si PP y Vox quieren demostrar que anteponen España a sus intereses partidistas, tienen una oportunidad muy sencilla: que dejen, por una vez, a España hablar con una sola voz y que dejen el esperpento de que hablan en nombre de todos los españoles. Algo tan falso como el disfraz de los intereses que dicen les están moviendo.


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