La Caja Pandora


Fernando Alés.

Abril/26.

 

Pandora fue la primera mujer creada por los dioses. Zeus ordenó su creación como parte de un plan para castigar a la humanidad después de que Prometeo robara el fuego divino y se lo entregara a los mortales.

 

Pues como en la mítica leyenda griega, la historia se vuelve a repetir, o quizás aquella fuera un presagio de lo que estaba por llegar. Es algo en lo que no voy a entrar, porque para eso ya tenemos gurús, “adivinadores” y “adivinantes” de sobra.

Como iba diciendo, parece ser que la leyenda de la caja de Pandora, se repite hoy en día, en otros escenarios y con otros personajes.

Resulta que en aquellos tiempos Zeus, padre de todos los dioses, se indignó porque Pandora, la primera mortal, creada como castigo a la humanidad, tras el robo del fuego por parte de Prometeo. Hefesto la moldeó y los dioses la colmaron belleza y dones, y la enviaron a la tierra con una misteriosa caja y con la orden expresa de que no la abriera. Pero he aquí que la curiosidad pudo más que ella y abrió la caja dejando escapar todos los males que hoy aquejan a la humanidad, desgracias, enfermedades y sufrimientos, lo que me recuerda un poco a lo del paraíso terrenal: mujer rompe las reglar y todos castigados. (¿Casualidad, coincidencia, plagio…?).  pandora, espantada, cerró de golpe la caja, dentro de la cual quedó solamente la esperanza.

Quiero dejar constancia de que el nombre de Pandora significa: La que tiene todos los regalos.  Esto conviene recordarlo, porque en la analogía que viene a continuación, el personaje también lo tiene todo.

Pues ya en estos tiempos hubo muchos que emularon a Pandora en mayor o menor medida; reyes, emperadores, conquistadores, dictadores y todo tipo de sátrapas; genocidas todos ellos, que desencadenaron todo tipo de desgracias, sufrimientos y muerte, aunque estos no lo hicieron por curiosidad, sino por su insaciable sed de poder.

Pero por sus limitaciones “solo” pudieron asesinar a unos cuantos millones de seres humanos y apropiarse de sus territorios.

Otra cosa fue aquel alemán del bigotito, que consiguió meter a casi todo el mundo en una guerra. La cosa acabó con unos americanitos tirando dos bombas atómicas, como quien tira fuegos artificiales al final de una fiesta.

La cosa acabó con 55 o 60 millones de muertos. (Pido perdón por la ligereza con la que he tratado este asunto).

Hubo después otros reyezuelos y dictadores que siguieron con sus fechorías hasta que desaparecieron.

Pero quiso Zeus, la providencia, la biología o este Dios de los cristianos que tenemos ahora, que nacieran dos criaturas a las que sus papas, pusieron los nombres de Benjamín y Donald.

El primero  de ellos se convirtió en sí mismo en la representación del mal en la tierra, en una tierra que ya por si misma encarna la maldad desde su creación. Y nuestro segundo personaje heredero que todos los males de la condición humana; la codicia, la enfermedad, la locura, el vicio y la muerte, como si fuera una reencarnación de Pandora, ha vuelto a abrir la caja.

Recordemos el significado de Pandora (la que tiene todos los regalos) porque Donald tiene todos los regalos, lo posee todo,  pero su codicia le exige más, a costa de quien sea y de lo que sea.

Si lo miramos simbólicamente, estamos en manos del mal, y de la locura y la codicia. Quiero recordaros que en mi columna de Febrero, ya mencionaba la degeneración mental de Donald, pronosticando (ojala que sea verdad, que no llegaría a Junio) que su tiempo se está acabando.

Parece que Ares (dios de la guerra griego; el de las batallitas), tiene a su servicio a dos esbirros, sin ningún tipo de escrúpulos, a los que les da lo mismo el exterminio total, con tal de tapar sus miserias. Con esto y con la caja de Pandora abierta de par en par, la que menos posibilidades de salir victoriosa es la esperanza, cuando el mal y la locura se juntan; más aún cuando tanto a uno, como al otro los mueve la codicia.

No es una exageración, el mundo con estos dos asesinos psicópatas, sin conciencia, ni remordimientos; camina sobre una frágil placa de hielo que se puede romper en cualquier momento, mientras que ellos no dejan de picar sobre el hielo, con sus picos, sus bombas y sus amenazas, sin que ningún cobarde acomodado les haga frente.

Les basta con dar una orden y apretar un botón para desencadenar una reacción en cadena que puede dejar al mundo en cenizas y mandarnos a todos a la inmortalidad, si la hubiera o hubiese.

El mundo, este maravilloso lugar es como un hermoso bosque, con dos pirómanos con latas de gasolina, que pueden provocar un incendio descontrolado. Ante eso el resultado no puede ser otro que detenerlos lo antes posible o acabar todos como un churrasco en una barbacoa.

Porque no creo que Zeus, Ares, Yahvé, Alá, Odín o cualquiera  de los dioses que estén de guardia hagan nada por evitarlo.


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