La <<argentinización>> de España


Daniel Martín.

Septiembre/26.

 

las nefastas consecuencias que en las capas más desfavorecidas de la sociedad que están ocasionando las políticas neoliberales y de ultraderecha que Milei está aplicando en el laboratorio ultraliberal argentino deberían ser una seria advertencia para los españoles, que no parecen advertir la ruina que dichas políticas conllevan para la mayor parte de la sociedad.

 

Argentina se ha convertido en el laboratorio global del experimento ultraliberal, del peor remedio trumpista para un mal contagiado por el liberalismo económico que se nos ha impuesto desde los despachos más lujosos de Wall Street. Bajo la bandera del "ajuste fiscal innegociable" y el desmantelamiento de la presencia reguladora del Estado, las políticas impulsadas por la derecha y la extrema derecha argentina han sido presentadas por sus defensores como el remedio contra la inflación y el déficit. Sin embargo, tras la pirotecnia macroeconómica y los titulares sobre la contención del gasto público, el impacto sobre la sociedad, sobre la población más sacrificada siempre, los trabajadores, los jubilados, los más desfavorecidos, revela una realidad aplastante: la contracción deliberada del consumo, el hundimiento de las clases medias y un coste social que recae con fuerza brutal sobre las poblaciones más sensibles.

El paradigma es simple pero destructivo: privatizaciones, desregulación de precios básicos (alquileres, medicinas, servicios de transporte y energía), suspensión de la obra pública y recortes draconianos en las partidas de salud y educación. Lejos de generar un "efecto derrame" de prosperidad, el resultado en el tejido social argentino ha sido el vertiginoso incremento de las tasas de pobreza y la pulverización del poder adquisitivo de pensionistas y asalariados.

Si nos centramos en comparar los dos modelos -el progresista actual de España y el ultraliberal argentino-  y comparamos las estructuras socioeconómicas de España y Argentina, la brecha metodológica resulta evidente. Mientras el modelo hispano concibe los servicios públicos como amortiguadores colectivos ante la desigualdad, la doctrina aplicada en Argentina concibe dichos servicios como distorsiones del mercado que deben suprimirse o privatizarse, con las consecuencias inherentes a dicha política, encarecimiento de servicios básicos, imposibilidad de sostenimiento de las familias con menos poder adquisitivo, y por el contrario un enriquecimiento desmesurado de las élites.

las políticas liberales siempre se alzan prometiendo libertad, pero implantan lo contrario: mercados sin reglas para unos pocos y disciplina férrea para todos los demás. Convierten derechos en negocios, pacientes en clientes y el Estado en un cajero automático al servicio de intereses privados. Bajo su retórica de eficiencia, lo que realmente se acelera es la desigualdad; bajo su culto a la competencia, lo que se degrada es la vida común. El resultado es un país donde todo se mide en beneficios, excepto aquello que de verdad importa: la dignidad, la justicia y la cohesión social.

Importar la receta tan descaradamente fracasada y la <<motosierra>>, el ajuste salvaje al contexto español no significaría una <<modernización de la economía>>, como aseguran los gurús de la economía liberal, todos ellos a sueldo -aunque eso no se dice- de grandes corporaciones financieras o lobbys liberales, sino la desarticulación directa de la red de seguridad, de la presa social que libra de la crecida especulativa a millones de españoles. Las consecuencias para las capas más desfavorecidas de la sociedad española serían inmediatas y devastadoras:

 

  • Colapso de la sanidad de cobertura universal: La retirada del Estado en la financiación farmacéutica y en el apoyo a la sanidad pública abocaría a las rentas más bajas y a las familias vulnerables a elegir entre alimentarse o adquirir medicamentos para enfermedades crónicas.

  • Demolición del sistema público de pensiones: Reemplazar el criterio de solidaridad intergeneracional por fórmulas de ajuste automático llevaría a la ruina a los más de nueve millones de pensionistas españoles, convirtiendo la jubilación en un umbral directo hacia la indigencia.

  • Precarización y segregación educativa: La eliminación del gasto directo en la escuela pública y la imposición de cheques escolares o privatizaciones encubiertas profundizaría la brecha de oportunidades, consolidando un sistema segregado donde la educación de calidad sea un privilegio de pago.

  • Explosión de la exclusión habitacional: La desregulación absoluta del mercado inmobiliario en ciudades como Madrid, Barcelona o Sevilla arrasaría a los inquilinos de menores recursos, incrementando las tasas de exclusión y expulsando a las familias trabajadoras hacia la periferia desatendida.

 

Policía argentina reprime a jubilados en protesta contra el Gobierno de Milei

Foto: ElUniversal

El laboratorio social que hoy desgarra a Argentina no es una receta económica aplicable sin costes; es un aviso inequívoco. Para España, donde el Estado del bienestar funciona como la principal argamasa de la cohesión nacional, ceder ante las sirenas del ajuste salvaje y la desregulación total supondría precipitar a los colectivos más desfavorecidos a un abismo del que tarda décadas en salir.

Las políticas neoliberales fomentan una cultura del <<sálvese quien pueda>>: la falsa meritocracia convertida en coartada para ocultar profundas desigualdades estructurales, la competencia elevada a dogma, la precariedad disfrazada de flexibilidad. El resultado es una sociedad donde la incertidumbre es norma y la cohesión se erosiona, porque cuando todo se mide en términos de rentabilidad, lo social se vuelve inadecuado.

El neoliberalismo no fracasa por accidente: fracasa porque su diseño prioriza el beneficio privado sobre el bienestar colectivo. Y una democracia que renuncia a proteger a su pueblo se convierte en la mercancía idónea para intereses ajenos.

España sostiene uno de los sistemas públicos más sólidos y civilizados de Europa: un entramado de pensiones, Seguridad Social, sanidad y educación que garantiza que la vida y dignidad de los españoles no dependa del saldo bancario. Las pensiones aseguran que décadas de trabajo no terminen en la la cola del hambre; la Seguridad Social protege frente a la enfermedad, el desempleo y la vulnerabilidad; la sanidad pública ofrece atención universal, sin peajes ni exclusiones, sin atender a la cuenta corriente de nadie; y la educación, gratuita y accesible, sigue siendo la mayor fábrica de igualdad que ha construido este país. No es un lujo: es la columna vertebral de una sociedad que entiende que el bienestar colectivo es la mejor inversión en libertad.

Serian un gran, un inmenso error, que dejemos que Partido Popular y VOX, siervos trumpistas, nos sigan <<argentinizando>> España, y el año próximo tenemos la oportunidad de impedirlo.


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