¿Andalucía, Inicio y Final?
Josemi Montalbán.
Abril/26.
El presidente andaluz, Juanma Moreno Bonilla, ha anunciado un adelanto electoral en Andalucía y las elecciones se celebrarán el 17 de mayo próximo al considerar que la legislatura está “agotada”, y busca una “estabilidad institucional” antes del verano.
Ocho años después de que VOX irrumpiera con fuerza en Andalucía, la misma comunidad que actuó como catalizador de su ascenso político podría convertirse ahora en el primer indicio de su declive. Lo que en 2018 fue un fenómeno disruptivo, con 12 escaños en el Parlamento andaluz y la constatación seria del óbito del bipartidismo tradicional, colocando a VOX en disposición de entrar no solo en los Parlamentos autonómicos, también en el gobierno nacional, deja hoy la imagen bien distinta de un partido que presenta el mal de siempre, la corrupción, además de síntomas de fatiga electoral y pérdida de confianza de su potencial electorado.
En 2018, VOX capitalizó el descontento social, supo sacar aprovecho del debate territorial tras el conflicto catalán y mover el racismo que siempre está latente en los españoles como sociedad, capitalizando una centrada en la inmigración, la unidad de España y la crítica frontal al consenso político. Andalucía, con altos índices de desempleo y una histórica gobernanza socialista agotada, y pasto de la guerra mediático/judicial declarada contra el Ejecutivo de Susana Díaz por las fuerzas de extrema de recha de España, se convirtió en terreno fértil para sembrar el discurso del odio, que el partido de los de Abascal, convertido ya en soberano absolutista de la formación ultra, ha exportado con éxito a todo el país.
Manuel Gavira, cabeza de lista de la formación de extrema derecha VOX, junto al líder del partido, Santiago Abascal. (Europa Press)
Sin embargo, el contexto actual es distinto. Diversos sondeos apuntan a un retroceso en intención de voto, acompañado de una menor capacidad de marcar la agenda política. La entrada en varios gobiernos autonómicos y la asunción de responsabilidades por parte de VOX, ha afectado a la formación de ultraderecha, sus pactos institucionales, basados en el chantaje más que en la negociación, y su postura ante la guerra de Irán, además de la fuerte presencia de descarada corrupción que se percibe en el partido de un Santiago Abascal de modos más propios de un señor medieval que de un político actual, han mermado su imagen de partido “antisistema”, mientras que la normalización de su presencia ha reducido el efecto sorpresa que impulsó su auge, lo que ha hecho que algunos sectores disconformes con el sistema, e insatisfechos con el bajísimo nivel a toda escala de nuestra clase política, con la que no se sienten representados, y que los había "arrojado" esperanzados en el discurso rupturista de VOX en un cambio, incluso en un desmantelamiento del actual sistema político español, se hayan sentido "estafados" y alejado, paulatinamente, de una partido que, en el fondo, y lo que es peor, en las formas, no ha demostrado ser nada más que otro partido más en el ya extenso panorama político español.
En Andalucía, además, el Partido Popular ha logrado absorber parte del electorado conservador que en su día migró hacia VOX, consolidando una mayoría más amplia y estable. Este fenómeno, unido a la fragmentación del "voto protesta" y al desgaste inherente a cualquier formación política, plantea un escenario en el que VOX podría estar perdiendo influencia.
No obstante, no quiero hablar de descalabro o resultado ínfimo, en absoluto, solo pretendo reseñar el mal momento que atraviesa la formación ultra y que Andalucía, que fue auge, muy bien podría indicar la caída, de un partido producto de laboratorio financiero. Divagar, si usted quiere, sobre la posibilidad, de hecho la casi absoluta certeza de que el futuro de VOX podría estar perfectamente de nuevo estrechamente vinculado a los comicios andaluces del 17 de mayo.
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