Algo Personal
Alberto Granados.
Abril/26.
Entre esos tipos y yo
hay algo personal.
(J. M. Serrat)
Siempre he tratado en mi vida de dejar de lado en lo posible lo emocional y someter el impulso ciego al dominio de lo racional, supeditar la víscera al juicio del intelecto. Pero hay personajes en los que coinciden mi rechazo más visceral, mi animadversión más animal y el análisis negativo que mi sentido crítico elabora: hablo de, entre otros, don José María Aznar López, del que ya he dicho en este medio que me resulta incomprensible que se haya constituido en el gran gurú de esta derecha infame que nos amenaza y nos miente cada día.
Aznar irrumpió en nuestras vidas, como Presidente del Gobierno tras las elecciones generales del 3 de marzo de 1996, es decir, cuando ya habíamos leído en la prensa y visto en el cine de Ken Loach y Stephen Frears los efectos catastróficos del thatcherismo: paro, privatizaciones, desmantelamiento de las prestaciones sociales, cinismo, etc. Todo un sector de la población española supimos que habían llegado las vacas flacas: el neoliberalismo iba a conducirnos a una España mucho menos esperanzadora. No me gustó el estilo prepotente de Aznar ni el de alguno de sus ministros. Me pareció inadmisible su mantra del “Váyase, señor González”, tan idéntico a las peticiones de dimisión que Feijóo y sus corifeos le hacen al Presidente Pedro Sánchez. No me gustaron las privatizaciones, ni la ridícula invasión del islote de Perejil, en que una patrulla española llegó a una isla con un despliegue serio de fuerza militar y se encontraron con seis soldados marroquíes que no opusieron la menor resistencia. Tampoco se resistieron las cabras que ramoneaban en aquel erial patrio. El ridículo sueño militarista de los populares quedó en batalla de opereta. Y no soporto que me metan en un ridículo semejante.
Me gustó mucho menos el intento de tratarnos como a imbéciles en el turbio asunto del hundimiento del Prestige, que intentaron convertir en un asunto baladí, pese a ser una verdadera catástrofe medioambiental. ¿Debo sentirme culpable de que tampoco me gustara lo sucedido con los muertos del Yak-42, un asunto verdaderamente vergonzoso en el que de nuevo intentaron tratarnos como a tontos que no se enteran de nada?
Hubo un nuevo embuste cuando Aznar nos metió en una guerra, la de Afganistán, y posteriormente Irak, para contentar al presidente de los Estados Unidos, George W. Bush. Nuestros soldados no pintaban nada allí, pero el Sr. Aznar quería dejar claro su alineamiento con el presidente americano, y escenificó una ceremonia de sometimiento indigna de un Presidente del mundo occidental. El mismo sometimiento mimético cuando habló en español en un tono tejano, como de película doblada en Puerto Rico (inolvidable aquel “Estamos trabajando en ello”, que aún me avergüenza). Esta animadversión, ¿será una rareza mía?
La consecuencia directa de nuestra participación en Irak y Afganistán fue el atentado del 11M, que tan triste balance de muertos y heridos nos dejó. Tuvo que llegar el momento definitivo del atentado, sobre el que de nuevo nos intentaron desviar hacia una realidad paralela, para que el electorado abandonara definitivamente a Aznar y le diera la espalda en las urnas, cuando en las elecciones del 14 de marzo de 2004 ganó José Luis Rodríguez Zapatero.
Imagen difundida por el Departamento de prensa de Estados Unidos en la que podemos ver a los cuatro líderes reunidos (de izquierda a derecha, Barroso, anfitrión de la reunión, Blair, primer ministro británico, Bush, presidente de los Estados Unidos de América y Jose María Aznar, presidente del gobierno español), durante la Cumbre de las Azores, donde se escenificó la participación española en las guerras de Bush.
Obviamente, no me gustó el intento de acusar a ETA, en vez el al terrorismo islamista, algo que se comentaba por las embajadas de medio mundo, pero que aquí se soslayó. ¿Debo sentirme culpable por el hecho de que no me guste que me mientan? Tampoco me gustó que intentaran cebarse con los familiares de los muertos cuando reclamaron la verdad: las críticas feroces a una dignísima Pilar Manjón, que había perdido a su hijo y fue demonizada, ninguneada y humillada tampoco me gustaron. Como no me gusta que en la más reciente actualidad se vuelva a preguntar quién fue el autor intelectual de los atentados, algo que quedó aclarado en el largo proceso llevado a cabo ante luz, taquígrafos y observadores y prensa internacionales. Es un último intento de lavar la cara a uno de los asuntos más trapaceros de nuestra historia reciente. En mí, suscita un asco incontrolable. Es que no soporto la miseria moral vendida como integridad inexpugnable.
Pero hay más. No me gusta que un sujeto tan patético como don José María Aznar López haya sido elevado a los altares de esta inexplicable derecha que parece gozar cuando nos miente. Ahora es el gran gurú de esa derecha cavernaria y cazurra y lo que dice, aunque roce el delito, es unánimemente aceptado por su claque.
No soporto que su insustancial esposa fuera promovida a la alcaldía de Madrid, y que vendiera un montón de viviendas de protección social a un fondo buitre, del que se dice que cuenta con el hijo de Aznar entre sus gestores. Para hacerlo, tuvo que desahuciar a bastantes familias que creían tener un piso, pero que resultó un espejismo a mano armada. Como soy muy raro todo este asunto me parece miserable.
⬅️Aznar, junto a su esposa Ana Botella. (E. Gutiérrez)
Aznar y su hija, Ana, el día de la boda de esta. ➡️
Tampoco me puede gustar que pida que “el que pueda hacer que haga”, frase en la que creo ver una invitación al obstruccionismo político si no es abiertamente al golpismo. Que diga esa frase y que empiecen a aparecer un apagón, una serie de robos de cable que detienen el tráfico ferroviario, y otros sucesos muy graves, podría ser una casualidad. Pero me cuesta creer en esa especie de casualidad prolongada, algo en que no creo, por principio. Y surge una sospecha: todos estos sucesos han sido organizados por alguien, simplemente por lealtad al gran gurú, al que algunos patriotas siguen ciegamente, aunque él no lo sabrá nunca. Es una simple sospecha, aunque no tengo el menor elemento que pudiera demostrar que estos hechos no son fortuitos. Tampoco tienen prueba alguna los que juzguen que mi sospecha es una estupidez. ¿No hay inadapatados que interpretan las cosas de forma equivocada y cometen barbaridades? Desde luego, hubiera sido mucho mejor que el gran personaje no hubiera pronunciado jamás la desleal frase. Es que no consigo creer en una acumulación de casualidades. Se ve que es cuestión de fe. Pero yo mismo le echo el freno a mis elucubraciones: nadie puede ser tan ruin. ¿O sí?
He oído a Aznar rozar con sus declaraciones el desprecio más absoluto a la vida humana. Cuando negó que lo de Gaza fuera un genocidio y animó a Israel a seguir con el exterminio de mujeres, ancianos y niños (que sin duda, engrosarán las filas de Hamás en el futuro) y en estos días, cuando ha acusado al Presidente Sánchez de haber elegido el lado malo de la Historia. Se ve que el lado bueno es el que piadosos misiles, amables bombardeos y constructivos destrozos sistemáticos, todo ello desde un cómodo sillón y sin despeinarse. Mi conciencia cívica se rebela ante la maldad insoslayable de quien hace estas aseveraciones y no consigo encontrar en el personaje un leve rastro de humanidad. La gente no cuenta. Lo que cuenta es la estrategia económica, el rol que puedan llegar a desempeñar sus aliados y sus enemigos, pero sin pararse a considerar el sufrimiento. Para un neoliberal eso es, simplemente,
Y si estoy haciendo un memorial de agravios, no voy a dejarme en el tintero que este tipo presida un laboratorio de ideas liberales, es decir, de la más reaccionaria derecha, como es la FAES. Mucho think tank, mucho laboratorio de ideas, pero aún no han tenido tiempo de algo tan necesario como renunciar al franquismo y denunciar sus barrabasadas. Se ve que no les molesta, por cómo reaccionaron cuando supieron que se iba a hacer una conmemoración de los 50 años de la muerte del dictador, o cuando Feijóo rebatió que el Pazo de Meirás perteneciera al pueblo gallego, como se ha reconocido recientemente.
En fin, que este hombre y su corte de adláteres no es que no me gusten, es que tengo el peor juicio moral sobre su vomitiva indecencia. Pero seguro que son rarezas mías.
debilidad.
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