Vivir y Perder

Carmen Prieto Gómez. 
Octubre/25.

 

 

No, no quiero envolver en un paño romántico el dolor de una pérdida. Pero hemos venido no solo a vivir, también a perder.

 

Estoy hecha de pequeños placeres y grandes pérdidas, pero mi sonrisa sigue intacta.

Porque no todo lo roto está perdido.

Porque hay sonrisas que no son mentira, son victoria.

No todo lo que duele destruye.

No todo lo que se rompe se pierde.

Hay quienes han enterrado más de lo que han celebrado, y aun así caminan con la cabeza en alto.

Muchas veces pienso que, si estás hecho de pérdidas, de ausencias, de heridas que no cerraron, y aun así sonríes, no estás fingiendo: estás venciendo.

La experiencia de la pérdida nos acompaña toda la vida. No se limita únicamente a la muerte de alguien a quién queremos, sino que puede manifestarse de múltiples formas.

Cada una de estas situaciones confronta a la persona con un vacío, una ausencia y la necesidad de adaptarse a una nueva realidad.

Frente a cualquier pérdida siempre se activa un proceso de duelo.

Ni seguimos un patrón idéntico para todos, ni en nosotros mismos ese camino es lineal.

Con el tiempo, me he dado cuenta que cuando enfrentamos una pérdida no es para olvidarla, sino para integrar la ausencia en nuestra propia vida. 

Encontrar un nuevo equilibrio, resignificar la experiencia y continuar caminando con lo que se ha perdido como parte de la propia historia.

Mientras más vivimos, más perdemos, mientras antes aceptemos que ese es el canon que tenemos que pagar por vivir, mejor.


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