¡MARICONES!

Tefía, el infierno franquista para homosexuales.

Jaime Tenorio.

Noviembre/25.

 

Decenas de hombres fueron recluidos en el campo de concentración después de medir su dilatación esfínterdiana y condenarles por la ley de vagos y maleantes como invertidos. Fueron recluidos por su orientación sexual, pero a veces tenían que usar su sexo para camelar a sus vigilantes, y poder sobrevivir. Una locura fascista que de no ser por el testimonio de supervivientes y los expedientes franquistas que han sido desclasificados no se conocería. 

 

Durante el franquismo, uno de los lugares más terroríficos fue la "colonia agrícola" de Tefía, en Fuerteventura, un infierno en el paraíso canario, un lugar que bajo la inocente etiqueta de "Colonia Agrícola" fue en realidad un campo de concentración donde se recluyó a homosexuales, un penal en el que los condenados realizaban trabajos forzados. 

 

Aunque no era un campo de concentración en el sentido estricto del término nazi, funcionó como un campo de trabajo forzado y de “reeducación” para personas consideradas peligrosas por el régimen genocida de Francisco franco, y los homosexuales al aquel señor amanerado por lo que sea les parecían muy peligrosos, por lo que los internaba en estos centros de "reeducación" amparados en la Ley de "Vagos y Maleantes", como el de la "Colonia Agrícola de Tefía, en el que entre 1954 y 1966 se "reeduco" a medio millar de peligrosos homosexuales, que soportaron condiciones infrahumanas, violencia y humillaciones durante su cautiverio y tras su puesta en libertad la persecución  institucional y un profundo estigma social, porque el régimen de aquel asesino consideró a la homosexualidad una amenaza moral y social, una deformación del deseo y una perversión social, más vicio que elección. 

Tefía fue uno de los lugares más infames en los que la dictadura y los sádicos que la sostenían aplicaron una represión más brutal y de forma sistemática, un infierno en el que los presos eran sometidos a trabajos forzados, castigos físicos, humillaciones y, en algunos casos, terapias aversivas con el objetivo de “curar” su orientación sexual, según las "investigaciones" de los eminentes "científicos" del franquismo, como Antonio Vallejo Nájera, que argumentaba la existencia de un “gen rojo” vinculado a la degeneración moral, y consideraba la homosexualidad como una desviación patológica asociada al marxismo y la falta de virilidad, o Gregorio Marañón que realizó estudios sobre la sexualidad humana y su influencia en la conceptualización médica de la homosexualidad como “inversión sexual”. 

Estas figuras "científicas" del fascismo no solo influenciaron la política penitenciaria, sino también la cultura médica y legal que legitimó la persecución de la homosexualidad como una enfermedad o delito. 

Verdaderos "Méngüeles" que son fuentes de las que hoy beben personajes como Jose Ignacio Munilla, obispo actualmente de Orihuela, que siéndolo de San Sebastián aseguro que; “la homosexualidad es una enfermedad” y que “se puede curar”, declaraciones apoyadas por otras diócesis, movimientos ultracatólicos y formaciones políticas de extrema derecha, a las que les gustaría volver a "reeducar" a los homosexuales en colonias de trabajo como en la mejor época del esplendor genocida franquista. 


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