Quincoces. El maquis por excelencia.


Jaime Tenorio.

Enero/26

 

"A pesar de los esfuerzos del franquismo por desvirtuar y borrar la memoria de aquellos hombres que, "echados al monte" combatieron a los traidores franquistas, su memoria a perdurado y la figura de Quincoces sobrevivió en la tradición guerrillera y en la historiografía posterior."

 

El cordobés Francisco Quincoces López (Quincoces), fue un guerrillero antifranquista que se convirtió en una de las figuras más representativas del maquis en Andalucía. Nacido en una familia humilde, su vida estuvo marcada desde muy joven por las tensiones sociales y políticas que incendiaban España en aquella época y las sempiternas injusticias que padece el campo andaluz. Como muchos campesinos de su generación, creció en un entorno de desigualdad extrema, donde la tierra estaba concentrada en unas pocas manos y la pobreza era la norma, la toma de conciencia de ese contexto territorial, unido a la efervescencia política de los años treinta, lo llevó a simpatizar con organizaciones obreras y republicanas.

Durante la Guerra Civil, Quincoces se integró en las milicias republicanas, primero como voluntario y después como combatiente regular. Participó en la defensa de varias localidades cordobesas y adquirió experiencia militar, especialmente en tácticas de guerrilla y movimientos rápidos por terreno agreste. La derrota republicana en 1939 marcó su punto de no retorno: como tantos otros, sabía que volver a casa significaba la muerte para él y los suyos, los escuadrones de asesinos fascistas campaban a sus anchas por toda España amparados en la impunidad de un régimen genocida. Pero aquella marea de sangre que originaba la represión franquista, en Andalucía fue particularmente dura, y muchos excombatientes optaron por refugiarse en las sierras, en lo que se llamó: "echarse al monte", y Quincoces fue uno de los republicanos que se echaron al monte para seguir desde allí combatiendo a los enemigos de la España democrática y la libertad. pero aquella decisión no fue un acto impulsivo, sino provocada por la necesidad de supervivencia, la convicción política y lealtad hacia los compañeros caídos durante la contienda.

Una vez decidido a echarse al monte, se internó en Sierra Morena se unió a un grupo de guerrilleros que operaba entre Córdoba y Jaén, una zona de abruptos barrancos, encinas y cortijos dispersos que ofrecía refugio natural. Allí adoptó su nombre de guerra Quincoces, y pronto se convirtió en sinónimo de audacia y valor.

La lucha de Quincoces se caracterizó por una combinación de acciones de sabotaje, emboscadas selectivas y recuperación de recursos mediante expropiaciones. Su grupo atacaba líneas telefónicas, cortaba comunicaciones, interceptaba patrullas de la Guardia Civil y distribuía propaganda clandestina en los pueblos. Aunque sus acciones tenían un componente militar, también buscaban mantener viva la idea de que la resistencia republicana no había sido derrotada del todo. La población rural, sometida a un clima de miedo y desconfianza, ofrecía apoyo desigual: algunos vecinos actuaban como enlaces, en cambio otros delataban cualquier sospecha de colaboración con el maquis, mientras que otros, presionados por la Guardia Civil, que llegaba a perpetrar verdaderos crímenes contra la familia de los colaboradores de los republicanos, se veían obligados a traicionar la confianza de los guerrilleros.

Quincoces destacó por su capacidad para moverse con rapidez, cambiaba de refugio constantemente y conocía cada vereda de la sierra. Su liderazgo era respetado, no tanto por jerarquía formal como por su habilidad para mantener unido al grupo en condiciones extremas: hambre, frío, aislamiento y la persecución constante.

A mediados de los años cuarenta, cuando la guerrilla alcanzó su mayor actividad, Quincoces era uno de los guerrilleros más buscados de Andalucía, en una correlación de fuerzas absolutamente despareja, la presión era insoportable. A partir de 1947, el régimen ilegítimo y genocida de Francisco Franco intensificó la represión mediante unidades especiales del ejército y la Guardia Civil, infiltraciones y terribles castigos contra las familias de los antifascistas a las que encarcelaban, torturaban y humillaban, sobre todo a las mujeres contra las que se ejerció especialmente la violencia sexual. Muchos enlaces fueron detenidos, torturados y ejecutados, lo que debilitó gravemente la red de apoyo, y el cerco sobre los grupos guerrilleros se estrechó hasta niveles asfixiantes; el de Quincoces no fue una excepción. En 1948, tras una delación forzada, la Guardia Civil localizó el cortijo donde él y dos compañeros se refugiaban. El enfrentamiento fue breve pero intenso. Quincoces, fiel a su trayectoria, rechazó rendirse. Murió en combate, defendiendo la salida del grupo para permitir que sus compañeros escaparan.

Las fuerzas represivas del régimen exhibieron su cuerpo en un pueblo cercano como advertencia, en una práctica habitual del régimen genocida para sembrar el miedo entre sus enemigos.

A pesar de los esfuerzos del franquismo por desvirtuar y borrar la memoria de aquellos hombres que, "echados al monte" combatieron a los traidores franquistas, su memoria a perdurado y la figura de Quincoces sobrevivió en la tradición guerrillera y en la historiografía posterior. Su vida encarna resistencia y dignidad del maquis andaluz: hombres y mujeres que, aun sabiendo que no podían ganar, siguieron combatiendo incansables al fascismo.


Añadir comentario

Comentarios

Todavía no hay comentarios