El naufragio moral de Feijóo.
El Comunero.
Enero/26.
Cuando no existe programa político, cuando no hay ideas y solo queda el ideal, el político corre el riesgo de caer en la tentación y abandonarse a la confrontación permanente, a la irresponsabilidad, la injuria, al insulto y descalificación personal, una situación muy peligrosa para el Estado, que cuando se sustenta, además, en mentiras, se muda en degradación moral y democrática. Y eso ha ocurrido con Alberto Núñez Feijóo.
Hay líneas rojas en política que, una vez cruzadas, descalifican a un líder como estadista, y lo inhabilitan para ocupar la responsabilidad de representación ciudadana a cualquier nivel. Mentir al pueblo, es una de ellas. Mentir al pueblo y sobre todo a las víctimas de una tragedia, utilizar su dolor para obtener rédito político, es, aparte de una acción miserable, la peor de las línea rojas que un político puede cruzar. La manipulación de la verdad sobre las sepulturas de 230 muertos, sencillamente indigno de cualquier persona que se pueda calificar de mínimamente honesta.
La indignidad que Alberto Núñez Feijóo ha protagonizado tras la tragedia de la DANA no es simplemente un error de cálculo o una defensa torpe de sus barones regionales: es la ignominia política llevada al terreno de la depravación construida sobre la falsedad deliberada y el más ominoso de intereses partidistas, de lo más descarnado e inhumano de la figura política.
Que mientras los servicios de emergencia, la UME, los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estados, además de miles de voluntarios intentaban limpiar el barro de las calles de las calles de Valencia, el líder del principal partido de la oposición, de una formación llamada a ejercer el gobierno del España, del Partido Popular se dedicara a mentir al respecto de su labor, de su implicación e incluso de su presencia, que contribuyera a enturbiar aún más las muy turbias aguas institucionales, es sin duda, una profanación de los principio democráticos y desde luego de una inmoralidad tal, que descalifica a quienes se han valido de la mentira para procurarse ventajas políticas o salvar un gobierno completamente ineficaz.
La estrategia desplegada por Génova13 en todo lo que tiene que ver con la extraordinariamente nefasta gestión de la emergencia durante la DANA, ha sido un voluminoso compendio de deslealtades. Negar la evidencia, culpar a los técnicos y proteger la negligencia política bajo un alud de mentiras, no es precisamente el mejor currículo que un político puede presentar a su electorado.
El líder del Partido Popular es un inmoral, además de cómplice de un presunto crimen, no solo por las mentiras manifestadas, sostenidas y jamás admitidas, que aunque se sospechaban, no hemos conocido hasta que una jueza valiente las ha echo salir a la luz. Feijóo es un miserable que si tuviera un mínimo de dignidad ya hubiera dimitido de todas sus responsabilidades políticas, también por lo que intentó ocultar. Ante la parálisis operativa de la Generalitat Valenciana, cuya gestión de las alertas fue, siendo generosos, letalmente tardía, Feijóo optó por disparar contra el gobierno central, poniendo en entredicho al propio Estado, eEn lugar de exigir responsabilidades a quien tenía el mando único de la emergencia por ley y competencias, su compañero de partido y protegido Carlos Mazón, pero en lugar de eso el líder de la oposición decidió construir una realidad paralela donde la AEMET y las Confederaciones Hidrográficas eran los enemigos, y peor aún, los responsables de unas muertes que son responsabilidad exclusiva de la incapacidad y la incompetencia política del gobierno de la Generalitat de Valencia.
Es gravísimo que un aspirante a la presidencia del Gobierno mienta sobre los tiempos, los recursos del estado, las acciones del gobierno central y defeque sobre 230 muertos. Feijóo aseguró en los primeros momentos que la información no fluyó, que el Ejecutivo de pedro Sánchez estaba desaparecido, contradiciendo los registros oficiales, los emails y las llamadas que demostraban que la alerta existía, que el gobierno central estaba actuando con responsabilidad e inmediatez, y que el peligro era inminente. Mentir sobre un aviso meteorológico cuando hay vidas en juego es de una más que una, es una temeridad, y posiblemente un delito. Al intentar exculpar la incapacidad de los suyos, su inacción de las primeras horas, Feijóo no solo insultó la inteligencia de los ciudadanos, sino que despreció el dolor de las víctimas, utilizándolas como munición en estrategia golpista contra el Gobierno central.
Pero la crítica no se queda en la cronología de los hechos. Lo más alarmante es la quiebra del sentido de Estado. En cualquier democracia europea consolidada, el líder de la oposición se habría puesto al lado del Gobierno para coordinar la respuesta y, a posteriori, exigir rendición de cuentas. Feijóo hizo lo contrario: dinamitó los puentes mientras la tragedia aún sucedía. Priorizó salvar las siglas del PP sobre la verdad de los hechos y, sobre todo, la vida de los valencianos. Convirtió una catástrofe natural, una tragedia nacional en un lodazal partidista, demostrando que para él, el poder vale más que las vidas humanas, el rigor, y desde luego que la verdad, mintiendo con el descaro propio de un sinvergüenza más de un año.
El aún líder del Partido Político, está, a ojos de cualquiera que tenga una mínima capacidad de razonamiento, completamente acabado, y solo cabe la esperanza que en 2027, tampoco quiera ser presidente, ya que él no tiene la gallardía de marcharse, que sean los ciudadanos quienes le den la patada en el trasero que merece.
Imágenes: EFE/RED
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