Mentir, privatizar y culpar a otros: la triple estrategia del PP autonómico.
Specula.
Noviembre/25.
"En Madrid, claman los 7.291 ancianos que murieron en las residencias durante la pandemia son una herida abierta. La presidenta Isabel Díaz Ayuso lleva años negando la evidencia con descaro, repitiendo que “no hubo protocolos de exclusión” mientras los documentos oficiales evidencian lo contrario".
Se repite una constante en la gestión del PP allá donde gobierna: primero miente sin pudor, luego recorta con motosierra disimulada y, cuando todo explota, culpa a los demás. Lo hemos visto una y mil veces, y los resultados saltan a la vista: miles de muertos, servicios públicos desmantelados y una ciudadanía cada vez más cansada de ver cómo la propaganda barata sustituye a la responsabilidad política.
En Madrid, claman los 7.291 ancianos que murieron en las residencias durante la pandemia son una herida abierta. La presidenta Isabel Díaz Ayuso lleva años negando la evidencia con descaro, repitiendo que “no hubo protocolos de exclusión” mientras los documentos oficiales evidencian lo contrario. Mintió cínicamente a los familiares, mintió sin rubor en sede parlamentaria y sigue mintiendo cada vez que reduce aquella tragedia a una cuestión de gestión técnica. Pero no fue un error: fue una decisión política que dejó sin atención médica a miles de mayores porque su Gobierno priorizó la imagen sobre la vida. Hoy intenta reescribir la historia con la desfachatez de quien confunde propaganda con gobierno y descaro con liderazgo.
En la Comunidad Valenciana, el casi dimitido presidente Carlos Mazón ha demostrado la misma falta de escrúpulos. Tras la DANA que dejó allí 229 muertos, prefirió hablar de “fenómenos imprevisibles” antes que reconocer los fallos en los sistemas de alerta y la descoordinación institucional que él presidía, o a l menos así tendría que haber sido. Ignoró los informes que advertían de infraestructuras sin mantenimiento y protocolos obsoletos, y cuando la tragedia se consumó, recurrió al manual del PP: negarlo todo una y mil veces, prometer comisiones y, finalmente, culpar al Gobierno central. El negacionismo político no solo destruye confianza: mata seres humanos.
En Andalucía, también el caso de los cribados de cáncer de mama es el retrato de una gestión que juega con la salud de miles de mujeres. Moreno Bonilla lleva meses minimizando el problema, ocultando retrasos, contradiciendo los informes sanitarios y prometiendo soluciones que nunca llegan. Mientras él sonríe bobalicón ante las cámaras, la realidad es que muchas andaluzas han visto interrumpidos sus controles preventivos, un fallo que, de hecho, ya ha costado vidas. Otra mentira más, otra promesa vacía, otra patraña de humo.
El patrón es el mismo siempre:: se falsean los datos, se manipula la información y se repite el mantra de la “libertad” mientras se desmantelan los pilares del Estado del bienestar con el apoyo mediático de los suyos. Lo que el PP llama gestión moderna no es más que privatización encubierta y desprecio por lo público. La sanidad, la atención social o la protección civil se convierten en negocios, y cuando el sistema falla, la culpa siempre es de otro.
Ayuso, Mazón, Moreno Bonilla o Mañueco y sus incendios mal extinguidos, representan una forma de hacer política basada en el cinismo: niegan lo evidente, fabrican enemigos imaginarios y usan la mentira como herramienta de gobierno. Pero la realidad no se tapa con titulares. Las cifras están ahí, y las víctimas también. Gobernar no es engañar, ni recortar, ni lavarse las manos. Gobernar, aunque ellos lo hayan olvidado, significa gestionar adecuadamente y asumir responsabilidades. Nada de eso está en los manuales políticos de buenas prácticas de los dirigentes de la derecha.
Imágenes: LVE/EP/NIUS/EFE
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