Juan del Val, el "arrejuntaletras".
El Comunero.
Noviembre/25.
Juan del Val en el programa La Roca, que conduce su esposa Nuria Roca.
Imagen: Atresmedia.
El comunicador madrileño, Juan del Val, es uno de los nombres de actualidad debido al Premio Planeta, galardón que ha recibido este año por su obra "Vera, una historia de amor". Pero del Val ya era conocido por su participación como tertuliano en diversos programas televisivos, todos vinculados a Planeta, en los que no se mide a la hora de criticar al gobierno progresista de Pedro Sánchez, rozando en la injuria en muchas ocasiones y mintiendo en las demás, lo que le ha valido el apelativo de traidor a su clase, porque Juan del Val es un hombre de condición muy humilde, que abandonó los estudios con 17 años y se subió, literalmente, al andamio.
El trabajo en la obra era duro, de modo que Juan buscó ocupaciones más descansadas y comenzó a colaborar en distintas publicaciones como crítico taurino. En el año 2000 se casó con Nuria Roca, reconocida presentadora de televisión con la que entró en el medio. En el año 2003, este "crítico" taurino fundó La Boleta Producciones, dedicada a la gestión cultural producción audiovisual y contenidos para medios, una actividad incluye la creación de guiones, asesoría de contenidos y participación en proyectos televisivos. Comenzando años más tarde sus colaboraciones en programas de Atresmedia (Grupo Planeta) como El Hormiguero, programa del que ya era guionista, y más tarde en La Roca, espacio presentado por su esposa en la Sexta; dejando en cada uno de ellos las perlas de su infinita sabiduría y su aversión al gobierno progresista sólidamente argumentado, y respaldado con criterio y razonada autoridad intelectual.
El Premio Planeta ha llegado en el momento dulce de Juan, como el año pasado le llegó a Sonsoles Onega, otra empleada del Grupo Planeta. En su último libro (ya había publicado algunos) Juan del Val vuelve a exhibir las limitaciones de un hombre cuya presencia mediática supera con mucho la solidez de una propuesta profesional seria, perpetrando una novela infumable que se apoya en los mismos recursos que ya han caracterizado sus obras previas: un narrador (autor) excesivamente complaciente consigo mismo, un presunto humor que confunde la risa con lo soez, y una progresión narrativa que avanza a empujones, es un libro que parece diseñado para funcionar mejor en titulares y entrevistas promocionales que en la experiencia real de lectura, en el ecosistema mediático que rodea a su autor.
En fin, que más notoriedad para quien no ostenta merito alguno, pero se toca con la boina fascista.
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