Innato

Lector Impertinente.

Febrero/26

 

<<La serie no se conforma con narrar un crimen; lo que le interesa es el "después">>. 

 

En un panorama en el que el thriller criminal se ha convertido en moneda corriente en las plataformas, “Innato” emerge como un intento audaz de explorar no solo el enigma del crimen, sino la psicología que lo rodea y lo transmuta. La serie española, creada por Fran Carballal y Enrique Lojo para Netflix, plantea desde el inicio una pregunta inquietante: ¿es la maldad algo que se hereda o algo que se construye?

Buen thriller cocido a fuego lento, de ritmo pausado, pero también vibrante. Muy bien estructurado y desarrollado con soltura y fluidez, sin estridencias ni multi giros de guion, pero consiguiendo mantener una difusa y permanente tensión capítulo tras capítulo hasta un desenlace que llega a sorprender, que responde de alguna manera a la trama principal, pero sin resolverla del todo, dando pie a una segunda parte. Pensaba que sería una miniserie de una única temporada con final cerrado, no leí bien. Después de ficciones como 'El inocente' o 'La red púrpura', parece que uno ya no se va a volver a impresionar con nada, pero aunque por momentos la serie se haga algo larga y a uno le gustaría que todo fluyera a una marcha más, merece la pena.

La trama parte de un punto tan perturbador como efectivo: Sara (Elena Anaya), psicóloga que ha intentado rehacer su vida, ve cómo su estabilidad familiar se desmorona con la liberación de su padre, Félix Garay (Imanol Arias), un implacable asesino múltiple conocido en su momento como “el asesino del gasoil”. Su puesta en libertad coincide con una serie de crímenes que replican el mismo macabro modus operandi de hace veinticinco años, obligando a Sara a enfrentarse no solo a sus recuerdos sino al miedo visceral de que su pasado no haya sido realmente superado.

La serie no se conforma con narrar un crimen; lo que le interesa es el "después". Nos sitúa en ese momento incómodo en el que el castigo legal termina, pero el juicio social apenas comienza. La atmósfera es densa, casi asfixiante, y logra que el espectador se sienta un cómplice silencioso de la tensión que rodea al protagonista.

La Serie Nos Plantea Una Pregunta Que Debemos Reflexionar: ¿Es posible la reinserción para alguien que ha perpetrado terribles asesinatos? ¿La opinión pública y el sistema mediático están diseñados para que un monstruo nunca deje de serlo?

Imanol Arias ofrece una interpretación minimalista y perturbadora. Logra alejarse totalmente de sus registros habituales para encarnar a un hombre hosco y cansado, cuya mirada ambigua es el motor de la serie: nunca sabes si estás viendo a alguien arrepentido o a un depredador en pausa. Su gran mérito es sostener el misterio de la "monstruosidad" sin caer en el exceso.

Elena Anaya, por su parte, es el ancla emocional. Su actuación destaca por mostrar una fragilidad bajo control; interpreta a una mujer que vive en una tensión constante entre el rechazo visceral y la necesidad de entender sus raíces. Su capacidad para transmitir ansiedad y vulnerabilidad hace que el dilema moral de la serie se sienta real y doloroso.

El peso de la serie recae, legítimamente, sobre las interpretaciones de sus protagonistas. Elena Anaya encarna a Sara con una mezcla de contención y vulnerabilidad que hace palpable el terror psicológico de alguien que vive con el espectro de la violencia muy cerca. Su actuación ilumina un recorrido emocional complejo: miedo, resistencia, culpa y amor se entrelazan en una espiral inquietante. A su lado, Imanol Arias construye un Félix Garay ambivalente y perturbador: capaz de irradiar tanto magnetismo como horror sin caer en la caricatura. Eso sí, chirría un poco el personaje, con un tono alejado de la dramática historia que tiene detrás, al que perfilan de una manera más parecida a un hosco buen vecino que a un frio asesino inadaptado tras toda una vida en prisión.

Lo mejor quizá sea tanto el dibujo de los personajes como los actores que los interpretan, especialmente los numerosos secundarios, cuyas interacciones en las distintas subtramas no resultan tan trilladas como de costumbre y además están bien engarzadas a la trama principal.

"La serie se distancia del puro “true crime” y se adentra en terreno más filosófico y moral. No es simplemente una investigación policial; es un estudio sobre las sombras que dejamos en nuestros hijos, la herencia del trauma y la sombra ambigua de la psicopatía, planteando el debate sobre si el mal nace con nosotros o se aprende, y qué parte de nuestra identidad está marcada por la sangre y cuál por las decisiones conscientes."

Este dilema está perfectamente entretejido con subtramas familiares que funcionan como espejos deformados: el hijo de Sara, Sebas, empieza a mostrar una inquietante fascinación por la figura de su abuelo, una tensión que no solo alimenta el suspense, sino que obliga al espectador a mirarse a sí mismo y a sus propios prejuicios sobre la identidad, la violencia y la herencia emocional.

Narrativamente, Innato es un thriller de cocción lenta, que prefiere la acumulación de atmósfera y tensión psicológica al artificio del giro constante. La trama utiliza flashbacks con acierto para tejer pasado y presente, llenando de capas el significado de cada gesto y cada decisión.

La producción, con ocho capítulos ajustados y un pulso muy cuidado, se sitúa entre lo mejor del thriller español reciente: sabe cuándo acelerar y cuándo dejar que el silencio y la reflexión se conviertan en parte del campo dramático.

La fotografía, la música y el diseño de producción apoyan esa sensación de familia fracturada y civilización al borde del abismo.
"Innato" no es una serie sobre quién comete un crimen, sino sobre qué significa vivir con la sombra de un crimen, y cómo eso puede deformar el alma de los que quedan atrás. Al igual que los grandes noir psicológicos, la serie no da respuestas fáciles, pero invita a pensar: ¿puede alguien realmente escapar de una herencia maldita? ¿O es esa maldad una fuerza que siempre acecha bajo la superficie?
Y en esos interrogantes es donde se halla su verdadero mérito.

Imágenes: Netflix, Inc.


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