Corrupción, indignación y ética.
Gregorio Duque.
Enero/26.
Hablar de corrupción es hoy corriente en España y más todavía practicarla. Pero no siempre ha sido así. Políticos y funcionarios corruptos ha habido (y habrá) en todos los tiempos. Pero antes eran aquéllos excepción y éstos solían actuar así empujados por el hambre salvo en círculos restringidos donde la práctica era tan conocida como extendida: aduanas y contrabando, policía de costumbres, arquitectos municipales.
Alejandro Nieto García (Valladolid, 930-Madrid, 2023) fue un abogado, historiador y escritor español. Catedrático de Derecho administrativo en las universidades de La Laguna, Autónoma de Barcelona, Alcalá de Henares y Complutense, presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas entre 1980 y 1983, y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas desde 2007, trasladó más allá de sus clases y conferencias a varios libros de su extensa obra su profundo conocimiento de la Administración, destacando los que sus lectores llamamos sus “Desgobiernos”, comenzando en 1984 al publicar La organización del desgobierno, Editorial Ariel, 1984, posteriormente La “nueva” organización del desgobierno, Editorial Ariel, 1996, Corrupción en la España democrática, Editorial Ariel, 1997, El desgobierno judicial, Editorial Trotta, 2005, El desgobierno de lo público, Editorial Ariel, 2008, y El desgobierno judicial, Editorial Trotta, 2005 [i.e. 2010].
En La “nueva” organización del desgobierno, de hace 30 años, Nieto nos dice cosas como: Hablar de corrupción es hoy corriente en España y más todavía practicarla. Pero no siempre ha sido así. Políticos y funcionarios corruptos ha habido (y habrá) en todos los tiempos. Pero antes eran aquéllos excepción y éstos solían actuar así empujados por el hambre salvo en círculos restringidos donde la práctica era tan conocida como extendida: aduanas y contrabando, policía de costumbres, arquitectos municipales.
Cuando no existen frenos éticos hay que acudir a los legales; pero ya hemos visto antes que los Tribunales españoles sólo reaccionan por sí mismos, a todo lo más, ante la corrupción que afecta al sexto mandamiento. Sin frenos éticos ni judiciales, la última trinchera ha de ser, por tanto, la autodefensa institucional, o sea, que cada organización depure por sí misma a sus miembros corruptos. Lo malo es que en España tampoco operan estos mecanismos.
Como vemos, la cosa no es nueva, y ni siquiera va con la democracia o autocracia como pretenden algunos; una simple relación de casos de corrupción contenidos en La avaricia en la historia de España, de Juan Eslava Galán puede mostrarnos casos anteriores a la democracia como MATESA o Juan March, como casos de la Familia Real antes y después de la Primera República. Lo que sí que me resulta novedoso en este 2025 ha sido la facilidad con la que un/a auténtico/a impresentable pueda llegar a manejar los hilos y marcarse un Juan Guerra o un Iñaki en los tiempos actuales, manejando contratos milmillonarios un portero de discoteca llevado a asesor o sentándose con CEOs una periodista sin periódico. Y es que lees, oyes, ves el quién y sigo sin entender el cómo, porque habrá que recordar que hasta se le llenó la boca a más de uno/a con la Ley de Contratos del Sector Público, haciendo ver que con ella se acababa con la posibilidad de que se filtrara información de las licitaciones en sobres lacrados, pasando a la actual Plataforma de Contratación del Sector Público que hace prácticamente imposible acceder a las ofertas a menos que alguien acceda. Sin embargo, la manera en la que se nos ha narrado los casos de Koldo y Cía. ha sido la de una simple reunión, al parecer, derivando en los postres que la adjudicación se realizaba a la empresa interesada, independientemente de las posibles mejores ofertas de otras empresas, y eso no hay manera de digerirlo sin meter en el saco a técnicos de las distintas Administraciones o instituciones del Sector Público. Porque, volviendo a D. Alejandro Nieto, la verdadera Administración no se despacha en oficinas iluminadas, sino en pasillos oscuros o en el corral trasero de los palacios. El soborno es aceite que abre puertas, motor de facilidades, bula de perdones, llave de arcas, polvo que ciega a jueces e inspectores, viento en popa para los negocios. Y para adjudicar el contrato a Toldos Manolo en vez de a Persianas Manuel se precisa que haya personas con autorización entren en la plataforma, constando su acceso, aunque de eso no se hable, como tampoco se habla de cómo es posible que un expediente sancionador por infracción muy grave sea pasada a infracción leve tras la interposición de un recurso previo ingreso a un club de fútbol de Fuerteventura y sin aportar documentación que combatiera los hechos considerados probados en la resolución impugnada.
El gobierno es el primer interesado en que la corrupción no sea perseguida y sus motivos tiene: porque si la corrupción, por definición, está cometida por quienes ocupan el poder, habría de terminar respondiendo él y, por ende, es inevitable que cabalmente desde el poder se intente ocultarla y, llegado el caso, esquivar el castigo.
Lo comparto totalmente. Lo firmo y hago mío todas y cada una de las afirmaciones del profesor Nieto, que cuando hablaba de la Administración, del gobierno o del poder, no hacía referencia al de un partido político, porque ya es hora que alguien entienda que la corrupción no va unida a un partido sino que va unida al poder, y más aún cuando ya no es que no existan ideologías en los partidos con representación parlamentaria, sino un ideario en el que puede entrar tanto por la puerta de atrás como por la principal, el cobro de comisiones para el mantenimiento del partido como el cobro de mordidas para el mantenimiento del puterío.
Difícilmente puede aceptarse que el poder, el Gobierno, la Administración esté interesada en luchar contra la corrupción cuando con la LOMCE de 2013 suprimió Ética y Educación para la Ciudadanía, para promocionar en una sociedad en la que los padres confunden la enseñanza con la educación, y que la juventud de forma mayoritaria se posicione o bien con la idea de futuro de ser influencer o bien con la de ser funcionario, y más aún cuando la Ley 9/2017 nos cuentan que su texto viene de orden de la UE, cuando lo cierto es que no deriva de un Reglamento, que es derecho directo e inmediato, sino de una Directiva, que te dice el qué y el cuándo, pero no el cómo, sin que nadie impidiera al Reino de España mejorar el texto, en vez de copiar y pegar el mínimo contenido en la Directiva, como ya hizo con la Ley de Prevención de riesgos Laborales hace 30 años, cuando tras una denuncia de un sindicato y tras haber sobrepasado con creces el plazo para la transposición, copiaron y pegaron el texto íntegro de la Directiva.
Solución ética contra la corrupción, que décadas antes de La sociedad del cansancio, de Byhun Chul Han, ya recogía la catedrática de Ética Victoria Camps en su El malestar de la vida pública , Editorial Grijalbo, 2007 , en el señala que un buen gobierno es el que se gana la legitimidad cada día. Ante l opinión pública, ante el parlamento, ante su propio partido o grupo político, el gobierno tiene que saber mantener la legitimidad que recibió de sus electores. Otra forma de decir lo mismo: un buen gobierno no puede perder la confianza de los ciudadanos. ¿De qué manera? ¿Existen normas o razones que fundamenten la pérdida de legitimidad de un gobierno? ¿Hay forma de decidir, con un mínimo de objetividad, que un gobierno no está haciendo lo que debe y, por eso, pierde crédito? La respuesta tiene que ser afirmativa.
Y llegados a este punto, considero necesario volver a las citas, para señalar: Si no somos capaces de indignarnos lo bastante ante una gran injusticia, nunca lograremos llevar a cabo acciones que sean íntegras”. Lo anterior lo suscribiríamos sin duda alguna la totalidad de electores de cualquier país, al igual que consideraríamos como una gran injusticia el que a chorizos de medio pelo hayan podido sacar a paraísos fiscales o a cuentas ilocalizables el beneficio de sus mordidas. El problema viene cuando todos los partidos con aspiraciones de tener representación nos venden, o nos vendían que lucharán contra la corrupción, contra las injusticias, que no hay pan para tanto chorizo ni cárcel para tanto gobernante. Y no aprendemos, porque si el antiguo votante de Mitterand es hora votante de Le Pen, y el votante de Carmena es votante de Ayuso, o el votante socialdemócrata italiano es votante de Meloni, como el peronista ahora es de Milei, nadie ha tocado al votante español para reconvertirse de ser simpatizante/votante de un partido para irse al otro extremo. Porque con la corrupción y la indignación que genera, no hace falta.
Por cierto, la última cita, la de la indignación, es de Harold Nicolson, diplomático británico, autor de más de cien obras, que tuvo tiempo entre libro y libro de tontear con el partido nazi. Y es que cuando hay hartazgo, o no votas o buscas alternativas. En España, las dos alternativas fueron Podemos y Vox. Podemos lleva en caída libre años, mientras que Vox sigue en alza por señalar a los delincuentes, pero sin señalar en su programa medidas para combatir la corrupción.
Países como España, que han llegado tarde a la democracia del siglo XX, no hemos puesto en remojo nuestra barba, pese a los incendios en las casas vecinas. En Italia, el partido Hermanos de Italia, liderado por Giorgia Meloni, ha consolidado su posición tras años de crecimiento constante. En Austria, el Partido de la Libertad, con sus posturas antiinmigración y contrarias a la UE, ha conseguido el triunfo. Viktor Orbán sigue dominando Hungría y apoyando todo lo que vaya contra la invasión Ucraniana. En Bélgica ha crecido de forma significativa la ultraderecha. En Alemania, el partido ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) fue este año la primera fuerza de la oposición tras obtener el segundo puesto en las elecciones de febrero con el 20,8 % de los votos, duplicando el resultado de 2021. En Francia, la extrema derecha fue la ganadora en número de votos en las europeas y legislativas de 2024. Pendiente de su líder Marine Le Pen, inhabilitada por un caso de desvío de fondos del Parlamento Europeo y cuyo recurso marcará la agenda política a principios de 2026. Si no puede presentarse a las presidenciales de 2027, su delfín Jordan Bardella, de 30 años, prepara su imagen de estadista y en las recientes encuestas figura como favorito para acceder al Elíseo. En Portugal, el partido de ultraderecha Chega ha avanzado en el último año y es ya la segunda fuerza en el Parlamento, tras la coalición de centroderecha del primer ministro Luís Montenegro. Con la victoria del controvertido magnate Andrej Babis en las generales de octubre, la República Checa cuenta desde finales de año con un gobierno de coalición de orientación populista, ultraderechista y eurocrítica. En Eslovaquia, el primer ministro populista y prorruso Robert Fico continuó con sus políticas ultranacionalistas y eurocríticas. A nivel europeo, trató de bloquear, junto con Hungría, diversas decisiones relativas al apoyo militar y económico de la UE a Ucrania. En el Reino Unido, la larga digestión del Brexit más la llegada de miles de inmigrantes por mar desde las costas francesas ha dado alas a la ultraderecha local: en septiembre, una manifestación convocada por el extremista Tommy Robinson con un mensaje abiertamente antiinmigración congregó a más de 100.000 personas en Londres y dejó 24 detenidos. El fruto de ese descontento social parece cosecharlo el partido UK Reform de Nigel Farage, que se dio a conocer en la campaña antieuropea del Brexit y ahora renace con un mensaje nacionalista de ‘Reino Unido primero’ similar al trumpismo estadounidense. Las últimas encuestas dan al UK Reform una intención de voto (26 %) muy superior a conservadores y laboristas, con la vista en las municipales de mayo. En Países Bajos, el partido liberal progresista D66 arrebató en octubre la victoria electoral a la derecha radical PVV de Geert Wilders por unos 15.000 votos, aunque ambos lograron el mismo número de escaños. Como primera fuerza, D66 asumió el encargo de formar el próximo gobierno, un proceso complejo que, si fracasa, daría el turno a Wilders como líder de la segunda lista más votada para intentar una coalición. En Bélgica, el partido flamenco Vlaams Belang, nacionalista y de extrema derecha, se erigió como segunda fuerza en las elecciones federales de 2019 y 2024, en las que obtuvo el mejor resultado de su historia, con el 13,76 % de los votos. En Suiza, el partido con mayor presencia en el parlamento, la Unión Democrática de Centro (UDC), engloba en su seno facciones de todo el espectro conservador, incluida la ultraderecha.
El descontento comienza por la corrupción, y termina apoyando a Putin, mientras los partidos mayoritarios en España y ya desaparecidos en gran parte de la UE se miran a ver quién la tiene más grande, y el y tu más.
Imágenes: IA Alternativa Mediterráneo. Uso libre.
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