La Independencia que España le regaló a Estados Unidos.
Jaime Tenorio.
Noviembre/25.
Durante la Guerra de Independencia de Estados Unidos, España y Francia intervinieron decisivamente a favor de los rebeldes, en contra de su común enemigo, Gran Bretaña. Una intervención, sobre todo española, que resultó esencial para que Estados Unidos exista hoy.
Las fanfarronadas, las amenazas y los modos de hampón que el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, viene demostrando ante la prensa internacional (incitado y alentado también por el fascismo español) contra España, desde que nuestro país se ha mostrado firme, sin ceder a la extorsión que el presidente yanqui exige de las naciones europeas para destinar el 5% de su PIB a la compra armamento estadounidense, y de las que solo España se ha atrevido a rechazar, ha puesto sobre el tablero unos episodios de la historia que en Estados Unidos no quieren recordar y en España nos han hecho olvidar, y es que sin la colaboración de España, Estados Unidos hoy seguiría siendo una colonia británica, que fue, sobre todo, el esfuerzo y el oro español (en menor medida Francia) los que lograron la independencia de las colonias americanas de la corona británica, una independencia de la que el próximo mes de julio se cumplirán 250 años, conmemoración a la que se llega con un demente al frente de la primera potencia del mundo
Fueron muchísimas las acciones determinantes que llevó a cabo España en favor de los rebeldes durante la guerra de la independencia estadounidense, muchos los españoles que participaron en ella, pero podemos destacar dos nombres, quizá los más importantes: Bernardo de Gálvez, una figura clave en la Guerra de Independencia de Estados Unidos, actuando como el brazo militar de la monarquía española en América, y cuya intervención fue profundamente influyente en el resultado de la guerra; y Luis de Córdova, un marino español que se enfrentó y derrotó a la poderosa armada británica en un momento clave en la guerra de la independencia y cuya victoria fue decisiva para los intereses rebeldes.
Gálvez lideró las tropas españolas en Nueva Orleans, que derrotaron a los británicos en Luisiana en 1779 y la tomaron las importantes ciudades realistas de Baton Rouge, Manchac y Natchez, así como el más importante baluarte de los británicos en el Golfo de México, Mobile, una posición estratégica en Alabama controlada por los realistas hasta que fue capturada por Bernardo de Gálvez en 1780 como parte de su campaña para expulsar a los ingleses del sur, y en una zona que para Gálvez era clave ya que conectaba Nueva Orleans, Mobile y Pensacola, permitiéndole avanzar por vía marítima y fluvial.
Aunque, quizá, la mayor acción llevada a cabo por Gálvez hay que ubicarla en la batalla de Pensacola, donde mantuvo un asedio exitoso que expulsó a los británicos de Florida Occidental, y lo hizo en inferioridad numérica, sin esperar refuerzos, arengando a sus tropas con un; “Yo solo”.
Al hacerse con el control del Misisipi y Florida, Gálvez cerró las rutas de abastecimiento y obligó a los británicos a dividir sus fuerzas, además de asegurar un territorio desde el que España pudo hacer llegar toneladas de oro, armas y suministros a los rebeldes de las colonias, un apoyo vital en su lucha sin el que no hubieran podido derrotar jamás a las fuerzas de Jorge III.
En 2014, el Congreso de Estados Unidos nombró a Gálvez ciudadano honorario por su papel decisivo en la independencia del país. Su retrato cuelga en el Capitolio. La ciudad de Galveston ya llevaba ese nombre en honor de Bernardo.
Pero la Guerra de la Independencia de Estados Unidos no solo se disputó en América, también en Europa y sus aguas se jugaba una partida, distinta, pero no menos importante entre las potencias coloniales, Reino Unido, Francia y España, donde la superioridad española del momento logró decisivos triunfos como la victoria obtenida por José de Córdova y Ramos, un marino español cuya carrera alcanzó gloria eterna en una de las batallas navales mejor planeadas de la historia.
En 1776, los estrategas británicos decidieron enviar un doble convoy desde Portsmouth hacia América y la India, cargado de tropas, armas, víveres y pertrechos para reforzar sus fuerzas coloniales. Pensaron que, al unir ambas flotas, su número y potencia de fuego, persuadiría a España de atacarla. Sin embargo, la información facilitada por los espías españoles en la corte del rey Jorge III a la corona española lograron todo lo contrario y Carlos III, rey de España, comprendió que destruir aquella flota debilitaría gravemente la posición colonial del Reino Unido, de modo que ordenó el ataque y se encargó a Luis de Córdova interceptar y destruir aquel convoy marítimo.
La información de inteligencia de la que dispuso Córdova era buena y abundante, esto le permitió al español, a pesar de la desventaja numérica y de fuego, posicionar sus buques cerca del Cabo de Santa María, en el Algarve portugués, para ejecutar una emboscada perfecta que, esperaba, enviara la anglosajona al fondo del Atlántico. Pero la fortuna se alió con el español y cuando los británicos se acercaban, se levantó una niebla espesa que les impidió ver a los buques de la armada combinada hispanofrancesa comandada por Córdova, y el magnífico estratega que llevaba dentro, cambió de plan y diseñó uno nuevo que lo llevase a la captura del convoy inglés en lugar de su destrucción, una acción arriesgada pero la recompensa la hacía extraordinariamente atractiva. Aprovechando la experiencia y buen oficio de los pilotos españoles, decidió aproximar sus buques a los británicos hasta tenerlos rodeados completamente y a tan corta distancia que hiciera inútil su abrumadora ventaja.
El 9 de agosto de 1780, cuando levantó la niebla de las aguas atlánticas, los capitanes de 52 buques ingleses vieron como el horizonte, miraran allá donde miraran estaba cubierto de gallardetes españoles, con la mitad de los barcos, Córdova había ido estrechando el espacio y encerrado a la flota británica a una distancia tan corta unos de otros que les impedía el uso de sus cañones y la huida era imposible.
La brillante acción del marino español, logro la captura, sin disparar ni una sola bala, de 36 fragatas, 10 bergantines y 6 paquebotes, cargados con soldados, armas, munición y víveres destinados al esfuerzo de guerra en sus colonias americanas, que fueron conducidos bajo la escolta de la armada hispano gala a puertos españoles, donde los buques y su mercancía fueron incautados, y las tripulaciones devueltas a Inglaterra, sin haber sufrido maltrato ni humillaciones como quedó establecido en una orden directa firmada por Córdova.
Un golpe naval del que Reino Unido no se recuperó jamás y debilitó de forma devastadora la presencia militar británica en las colonias americanas, contribuyendo de forma decisiva a la victoria de los rebeldes que se habrían visto en serias dificultades de haber arribado aquellas fuerzas al continente.
Aquella acción está considerada aún hoy como una de las más brillantes de estrategia naval de la historia, una muestra de la superioridad táctica y el conocimiento naval de la armada española de la ilustración que, de no ser por lo de siempre, la corrupción de los de siempre, es muy probable que hoy siguiera enseñoreándose por el mundo. Por su parte Inglaterra continúa considerando esta hazaña hispana como la mayor derrota sufrida jamás por Royal Navy.
De modo que estaría muy bien que alguien le explicase al arrogante, inculto, racista, clasista, y delincuente botarate de Donald Trump que cuando hable de España debe hacerlo con mucho respeto, y que eso del 5% de nuestro PIB para rescatar su industria armamentística comprando las armas que ellos ya no quieren, que se lo vaya cobrando de la deuda de guerra que Estados Unidos, aún mantiene, puesto que nunca la satisfizo, con España, y que en la actualidad equivale a más de 12 billones de euros, si le place que también se cobre lo de la Unión Europea, no hay problema, que paga España, con dos cojones, como siempre.
Imágenes IA Mediterráneo Alternativa. Uso libre.
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