Franquismo y barómetro de opinión


Alberto Granados.

Noviembre/25.

 

"Sociólogos y analistas consideran que el previsible aumento de los resultados electorales de Vox obedece a una rebeldía propia de la juventud, que se siente amenazada por un sistema que los está excluyendo al ir deshaciendo el estado del bienestar que tanto esfuerzo costó poner en pie. Cuando se ven sin un salario decente, sin posibilidades de disponer de una vivienda donde emanciparse, sin futuro, la rebeldía estalla, solo que lo hace en la dirección equivocada, la más conservadora, la que tiene más posibilidades de perpetuar la exclusión".

 

El fin de la Segunda Guerra Mundial supuso, junto con la derrota del totalitarismo nazi, la consagración de las democracias como el peor de los sistemas políticos, descartados todos los demás, en palabras de Winston Churchill. Quedaron algunas dictaduras como elementos residuales, tanto por la izquierda (URSS, Cuba, etc.), como por la derecha (Portugal o España, además de los numerosos alzamientos militares como los de Pinochet o Videla). El discurrir del tiempo fue terminando con dichas dictaduras, mediante procesos revolucionarios o mediante restauraciones. España, a la muerte del dictador, hace ahora cincuenta años, elaboró una discutida reforma política que implantó un régimen democrático cuando la ciudadanía se otorgó la Constitución de 1978. El franquismo residual, concretado en el ejército, la Falange y algunos grupos ultras intentó la involución, pero pese a los atentados de la extrema derecha y al fallido golpe de estado de Tejero (1981), la nuestra ha sido una democracia homologable con el resto de democracias formales de nuestro contexto europeo y se habría pensado que el franquismo era un desagradable asunto del pasado si no fuera por ciertas manifestaciones públicas de algunos militares, policías y políticos que parecen desdeñar todos los avances democráticos y defienden, cada vez más abiertamente, un autoritarismo que ya creíamos felizmente superado.

Apenas a unas semanas del cincuentenario de la muerte de Francisco Franco, el CIS nos informa de que, según el barómetro de opinión de octubre, un 21,3 % de la población española encuestada opina que la dictadura franquista, la época más siniestra de nuestra historia reciente, fue “buena” o “muy buena”. Cuando el CIS les pide comparar el franquismo con la democracia actual, los votantes de Vox se inclinan a favor de la dictadura.

Qué explicación tiene ese regreso a las tinieblas fascistas? Viví el franquismo y los datos de la encuesta me sorprenden. ¿Qué franquismo vivieron o conocieron estos entusiastas? ¿De qué fuente han sacado la información? ¿Cómo puede nadie apoyar aquel Régimen después de la Constitución que nos otorgamos en 1978, con todos sus fallos e imperfecciones? Me surgen varias preguntas más: ¿qué saben del franquismo los que han respondido en tal sentido? ¿Saben lo que es una dictadura real, no la falacia que la Sra. Ayuso usa constantemente para desprestigiar al gobierno? ¿Quién puede considerar “bueno”, “muy bueno”, o mejor que la situación actual la anulación absoluta de los derechos civiles, la imposición de la censura en los medios y en la creación artística, la prohibición de los partidos políticos, la anulación de la mujer a través de aquel engendro llamado Sección Femenina, la coacción de la Iglesia en materias como sexualidad o sumisión al varón?

Yo entendería que cierto sector de la juventud, sin muchos estudios, sin muchas ganas de saber y sin mucha inteligencia, diera por buenas las consignas de nuestra derecha y nuestra extrema derecha, actualmente casi fusionadas en sus valoraciones, pero no me explico que gente que vivió el franquismo, es decir, mis coetáneos, hayan olvidado el miedo, las cargas de los grises, las maniobras envolventes en los campus universitarios y en los complejos industriales, las detenciones, aquel Tribunal de Orden Público y los continuos estados de excepción. ¿Cómo han olvidado los secuestros de periódicos y revistas de pensamiento, la prohibición de ciertas películas, por sanción administrativa o por vandalización de la sala por parte de la extrema derecha (el cine Regio de Granada sufrió un incendio provocado por la extrema derecha porque se iba a proyectar una película, El caso Almería, que atentaba, según ellos, contra la honorabilidad de la Guardia Civil)?.

Sociólogos y analistas consideran que el previsible aumento de los resultados electorales de Vox obedece a una rebeldía propia de la juventud, que se siente amenazada por un sistema que los está excluyendo al ir deshaciendo el estado del bienestar que tanto esfuerzo costó poner en pie. Cuando se ven sin un salario decente, sin posibilidades de disponer de una vivienda donde emanciparse, sin futuro, la rebeldía estalla, solo que lo hace en la dirección equivocada, la más conservadora, la que tiene más posibilidades de perpetuar la exclusión.

Que tantos años después una quinta parte de los encuestados consideren bueno o muy bueno el régimen franquista, con su pistolerismo y su policía cómplice, sobrepasa el valor de un simple dato estadístico: es un síntoma del deterioro democrático que vive nuestra sociedad. Supongo que la derecha verá la causa en la izquierda y viceversa. Lo que no puede permitirse es la mentira (el sanchismo es una dictadura), la judicialización permanente de la política, la violencia, por ahora verbal, que se vive en cualquier ámbito, las provocaciones de personajes insignificantes, aunque con proyección mediática, que enturbian la labor de universidades, periodistas, o pensadores.

Imagen: Santi Burgos.

Se les llena la boca de grandilocuencia cuando pronuncian la palabra patria, pero están dispuestos a venderla siguiendo consignas de caos y violencia. Ya se habla de una ingeniería del caos, organizada y financiada por algún grupo que tiene como misión deteriorar las democracias para imponer un autoritarismo que, de paso, está dispuesto a laminar los derechos adquiridos y el estado de bienestar que hemos llegado a disfrutar.

Ahora, asistir a una conferencia, ir a una película o a una sala de exposiciones puede ser de nuevo el viejo peligro de aquellos negros años. Las concentraciones de neofascistas enmascarados están empezando a ser omnipresentes y estos cromañones han sacado del guardarropa la vieja valoración del patriotismo rancio, del ensalzamiento de la testosterona por encima del cerebro y la empatía. Ya el debate sereno y civilizado no sirve frente a la descalificación, la mentira, el barullo en las redes. Estamos ante un caos social, cada vez más presente en el mundo y todo lo conquistado se volatiliza, aunque nos parecía imposible. Esperemos que esta gente nos deje en el franquismo: sería demasiado triste volver a la Edad Media.


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Comentarios

Isabel Arredondo
hace un mes

Alberto, lo explicas todo de manera clara y sin rodros. Totalmente de acuerdo con tus palabras. Un abrazo

José A. Delgado
hace un mes

Alberto, como siempre, tan certero como lúcido.