El pelma de feijóo.


Josemi Montalbán.

Febrero/26

 

"Este país se va a tomar por el saco por culpa de Sánchez, que mucho subir pensiones, mucho subir salarios, mucho hacer peinetas a Trump, pero se le descarrilan los trenes por doquier, cada dos por tres, o al ritmo de uno por cada mentira de Feijó".

 

No lo soporto, ya sé que a usted no le importa, pero yo no lo soporto. Feijóo es muy cansino, hasta en la sopa se me aparece para importunarme tomándome por idiota. Si entro en un banco, ahí lo tengo, viste distinto y hasta tiene distinto aspecto, pero es él, dice las mismas tonterías faltas de criterio y ausentes del más mínimo sentido, huérfanas de cualquier argumento. Las cosas son así, porque deben ser así, y así son porque él dice que son así, y punto. Cuando voy a la charcutería, ahí está, vestido de charcutera o de indómita ama de casa arreglando España mientras pide cuarto y mitad de mortadela. Cuando voy a la farmacia, intenta engañarme apareciendo vestido con bata blanca, pero enseguida comienza a darme la brasa con su miserere político, monótono, sin ritmo, desentonado, infumable y sobre todo, cantado para simples, para estúpidos de los que yo estoy muy lejos de formar parte. Si intento huir a la montaña, me lo topo en la valla publicitaria de carretera, y se me cuela en la radio del coche para largarme su letanía fascista y embustera. Un pelma, ya le digo.

Hoy había logrado librarme de él, le he dado esquinazo durante toda la mañana hasta que he puesto el pie en el bar para tapear algo, ahí me ha asaltado la estulticia de Feijóo, lanzándose al abordaje desde la tele del local para escupirme su veneno desde una cadena de esas que el franquismo mantiene a pelo con nuestro dinero, y que en la que se pasan todo el día hablando de lo mal que va todo por culpa de Pedro Sánchez, y lo bien que nos iría con Feijóo de maquinista, fiando la audiencia y el gobierno a la cuestionable gracia de unas hormigas de paño, y cogiéndome a traición, me han "informado" de que en esa España paralela que se han montado los fariseos de la organización criminal Partido Popular, en la que mantienen la ficción de que gobiernan y sobre todo de que son gente de fiar, hoy, el presidente de esa España de espejismo y que no quiso serlo de la España real, Alberto Núñez Feijóo, el embustero que durante un año ha estado mintiendo a los españoles sobre como su "gobierno" estuvo informado en todo momento de lo que ocurría en Valencia, mientras los valencianos se ahogaban, y el presidente de los valencianos, Carlos Mazón, estaba desaparecido en buena compañía femenina; el presidente de la España de ficción que suplica al gobierno que lo mantenga informado de todo, aunque no tenga porqué ser informado de nada, el sujeto que tiene ínfulas de ser algo más que un simple diputado en la estructura del Estado.

Alberto Núñez Feijóo, durante una rueda de prensa, en la sede del PP.

FOTO: Europa Press/Carlos Luján.

Había logrado librarme del botarate al que maneja a su antojo una choni completamente perturbada y anda a la rueda política de Abascal,  hasta que  una cara conocida y deshonesta, me ha informado de que, por lo visto Feijóo, otra vez, se había reunido con su comité de expertos de mentirijilla y sus ministros de mentirijilla para analizar la terrible, espantosa, aterradora, espeluznante, caótica, costosa e imposible de sostener situación del transporte por ferrocarril, del que hasta hace una semana, salvo el legítimo gobierno de la España real, nadie se ocupaba, en esa España real de la que no quiso ser presidente, y después de asesorarse oportunamente por expertos y ministros de juguete, convocar una rueda de prensa en esa "Moncloa" de decorado y fantasía que se ha hecho construir en Génova, para saltarme a mi en el bar, y comunicarnos a todos los españoles, por millonésima vez, que este país se va a tomar por el saco por culpa de Sánchez, que mucho subir pensiones, mucho subir salarios, mucho hacer peinetas a Trump, pero se le descarrilan los trenes por doquier, cada dos por tres, o al ritmo de uno por cada mentira de Feijó, cosa que con ellos, con los virtuosos e intachables franquistas del Partido Popular, nunca pasaría, aunque ya les pasó en el pasado, pero como aquello fue en la España real, y no en su España de decorado idílico, pues no cuenta, y sin darme tiempo de volver sobre mis pasos y correr despavorido a refugiarme de nuevo en mi próxima novela, Feijóo a vuelto pedir, otra vez, y por mil millonésima ocasión, alecciones anticipadas porque a él, en lo familiar, y a la choni perturbada en lo personal, les urge llegar cuanto antes al poder, para parar lo que se les viene encima que es un tren de corrupción que los va a arrollar antes de que termine la década y a pesar de tener perfectamente engrasada y en constante mantenimiento la vía judicial, y cuando ese tren les pase por encima, mi estimado Alarico, yo me alegraré; no porque unos pocos chorizos franquistas no vayan a la cárcel, eso está cantado, sino porque al fin me habré librado de él, del cansino e insoportable Feijóo.

Créame. ¡Qué coñazo de individuo!


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