Día IV
Como no he tenido tiempo de ponerme manos a la obra para resolver el problema del carburador, y el ruido es insoportable, he pasado lo que supongo que era la noche en una de las capsulas de escape. Unos habitáculos previstos para abandonar la nave en el caso de que a la misma le sobreviniese alguna complicación irresoluble y que pusiera en peligro la vida los tripulantes, de modo que estos, o sea, la finada Lídia y quien escribe, pudiesen huir con rapidez y seguridad.
La capsula es cómoda, esta forrada de cojines y bien surtida de licores y latas de aceitunas y bolsas de maní. Pero lo mejor de todo es que al estar forrada de algún material ignifugo y de aislamiento térmico y acústico, el ruido del carburador era imperceptible y he podido descansar y poner un poco en orden mis ideas, así como meditar sobre mí, nada halagüeña, situación.
Ciertamente no es agradable ser consciente de que jamás volveré a ver a otro ser humano, lo de los extraterrestres no lo voy a descartar en honor de George Lucas, ni desde luego, y para mi desgracia, a otra “sera” humana. Lo que además conlleva el fracaso de la misión.
Una de las cosas que he decidido tras meditarlo durante unos segundos, es que no voy a lanzarme por la borda, para ahorrarme el trámite de pasar el resto de mis días en absoluta soledad, que era una de las opciones que barajaba. He de admitir que en esta decisión ha tenido mucho que ver la excelente cobertura wifi de la que disfruto en este punto del cosmos en el que me encuentro. Les parecerá una bobada a quienes lean este cuaderno de bitácora, si es que alguien llega a leerlo alguna vez, pero eso de disponer de porno amateur a discreción, ayuda y consuela bastante en la desgracia.
Tras decidir que voy a seguir con vida, lo siguiente que determiné fue en qué iba a emplear mi tiempo. Es obvio que no puedo estar todo el día, o lo que sea que pase cuando el tiempo no pasa, bebiendo, durmiendo y masturbándome, por ese orden y después el orden inverso. De modo que me he propuesto trabajar en el mantenimiento de la nave, empezando por el maldito carburador. Primero porque así me aburriré menos y en consecuencia me “tocaré menos” y en segundo lugar porque si dejo que la nave se deterioré al final no podré cumplir el empeño ese tonto de mantenerme vivo, aunque sea en soledad.
Desde mañana –es decir cuando despierte sea mañana o tarde-, me voy a enfundar el mono de trabajo y voy coger la caja de herramientas para ir solucionando los pequeños desmanes que un viaje tan accidentado haya ocasionado a este chisme, para eso, al fin y al cabo, me eligieron para esta misión, al margen de la cosa procreadora con la pobre Lídia.
(Continuará)