Cuba, una cuestión Testicular


Daniel Martín.

Febrero/26.

 

"Desde hace más de seis décadas, es Estados Unidos la nación que condiciona la vida de los cubanos, que, al margen de los errores que pueda haber cometido el régimen castrista, no son dueños de su destino. Seis décadas de bloqueo y sanciones que no han servido para doblegar al pueblo cubano, sino todo lo contrario." 

 

Las reiteradas amenazas de Donald Trump a Cuba han vuelto a poner sobre el tablero de la atención mediática internacional a la isla, pero no debemos olvidarnos de que Cuba lleva más de sesenta años con la bota imperialista sobre su garganta impidiendo que los cubanos puedan desarrollarse, a consecuencia de un bloqueo comercial decidido por la superpoderosa potencia Estados Unidos para doblegar la voluntad de una pequeña isla de poco más de once millones de habitantes y algo más de cien mil kilómetros cuadrados. 

Desde hace más de seis décadas, es Estados Unidos la nación que condiciona la vida de los cubanos, que, al margen de los errores que pueda haber cometido el régimen castrista, no son dueños de su destino. Seis décadas de bloqueo y sanciones que no han servido para doblegar al pueblo cubano, sino todo lo contrario. 

El pueblo cubano es un pueblo bravo, con un elevado sentimiento nacionalista y arraigo a su patria, un pueblo que, si pudiera seguramente se hubiera levantado ya contra el régimen que gobierna la isla, pero también un pueblo soberano que se hace piña con sus líderes cuando son amenazados por fuerzas extranjeras, algo que los soberbios gobernantes de Estados Unidos, no menos déspotas de que los cubanos, no entienden, porque ellos lo basan todo en la fuerza y nada en la voluntad. 

Ninguno, absolutamente ninguno de los “analistas” que estos días desfilan por las televisiones de medio mundo ofreciendo su opinión al respecto de Cuba, tienen en cuenta ese matiz, que Cuba nunca ha podido desarrollarse libremente y por lo tanto juzgar los resultados del régimen como fracaso (punto coincidente en todos los analistas) es de un “cuñadismo” asombroso. 

Estados Unidos ha considerado siempre a Cuba como una especie de Puerto Rico, un “estado asociado” (por la fuerza) un territorio poblado por gentes en lo formal con pasaporte yankee, pero que no tienen voz ni voto en la política yankee, eso sí, los recursos del país son gestionados, explotados por compañías estadounidenses que, desde luego, también se quedan con los beneficios que repercuten de la explotación de esos recursos. 

Los analistas que disertan sobre Cuba en las televisiones de medio mundo ofreciéndonos su “cuñadísima” opinión sobre la isla, suelen despachar el tema del interés estadounidense en la isla en la cuestión estratégica por su cercanía a las costa este de Estados Unidos, y su potencial económico basado el factor turístico, que parece casi el único, sin embargo, el enorme potencial turístico de Cuba o no justifica en absoluto la obsesión que con la isla padecen los estados Unidos desde hace más de sesenta años. Ninguno de los “analistas” que nos ilustran con su opinión de cuñado sobre Cuba, menciona los enormes recursos naturales y de minerales estratégicos que existen en la isla. 

El presidente Trump ha asegurado que no es necesario implementar medidas militares contra Cuba, porque sin el apoyo de Venezuela, o de México, al primero de estos países se lo acaba de apropiar, y al segundo lo mantiene bajo constante amenaza, el régimen cubano va a caer por sí solo y la isla volverá a ser el patio de recreo de los millonarios yankees, que muy pronto podrán elegir entre pasar sus vacaciones en las paradisíacas playas cubanas o el magnífico resort que Trump está diseñado para ellos en Gaza. 

Pero el presidente Trump se equivoca, nada puede unir más a los cubanos que el hecho de que llegue un gringo rico a tocarles los cojones. 


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