Carnaval te Quiero


Julia Montalbán.

Febrero/26.

 

El carnaval en España es mucho más que una tradición,  es un fenómeno cultural donde se entrelazan la herencia pagana, la transgresión social y la identidad regional.

 

Cada año, antes de que la sobria Cuaresma imponga su silencio, los españoles se disfrazan, y juegan a transgredir normas, a cantar verdades por sus calles a las que convierten en un caos organizado que hunde sus raíces en la historia más profunda de Europa.

La génesis del carnaval se encuentra en las antiguas celebraciones de invierno de las civilizaciones mediterráneas. Las Lupercales romanas y las fiestas en honor a Baco ya presentaban elementos que hoy reconocemos: la inversión de las jerarquías, el uso de máscaras para ocultar la identidad y el exceso autorizado, o cuando menos permitido.

Con la llegada del cristianismo, la fiesta se adaptó al calendario litúrgico como el "adiós a la carne" (carne-vale), convirtiéndose en la última oportunidad de disfrute antes del ayuno cuaresmal.

Durante siglos, el carnaval en España fue un espacio de sátira política y crítica social. A pesar de las prohibiciones sufridas en diversos periodos históricos —siendo la más reciente y prolongada la de la dictadura franquista—, la tradición sobrevivió en la clandestinidad o bajo otros nombres, demostrando que la necesidad de libertad y burla es inherente al espíritu del pueblo español.

Aunque el carnaval se celebra en casi cada rincón del país, existen dos puntos de nuestra geografía en los que los carnavales destacan por su singularidad y proyección internacional:

 

Cádiz: El ingenio de la palabra. En la "Tacita de Plata", el carnaval es sinónimo de ingenio. Las chirigotas, comparsas y coros utilizan la música y el humor para "repasar" la actualidad en un carnaval de calle, de coplas ácidas y de una creatividad desbordante que convierte la crítica en arte andaluz.

 

Santa Cruz de Tenerife: El esplendor visual. Con una estética que recuerda a los grandes desfiles de Río de Janeiro, el carnaval tinerfeño es una explosión de color, ritmo, velos, plumas y purpurina. La Gala de Elección de la Reina, con sus trajes monumentales de cientos de kilos, es el símbolo de una fiesta que vive por y para el espectáculo.

El carnaval en España no es una celebración uniforme, sino un mosaico de identidades. Ya sea a través de la elegancia de una máscara, la acidez de una copla o la fuerza de un rito ancestral, esta fiesta sigue cumpliendo su función milenaria: permitirnos, al menos por unos días, ser otros para poder ser nosotros mismos, pero con más libertad de verdad.


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