El Cáncer, a veces es una tumba prematura
Xisco lucho, sí.
Lucho como luchan tantos: con miedo, con esperanza, con días buenos que engañan y noches largas que pesan.
No fue una historia de héroes ni de derrotas gloriosas. Fue una historia humana. Terriblemente humana.
Decir que “no pudo superarlo” es aceptar una verdad incómoda: y es que hay enfermedades que todavía nos superan a nosotros. Y eso no es culpa de quien cae.
No es falta de fe, ni de fuerza, ni de carácter.
El cáncer no selecciona a los débiles: simplemente golpea. Y cuando golpea, arrasa familias, proyectos, rutinas y futuros enteros.
Recordar a Xisco es también recordar a todos los nombres que el cáncer ha convertido en ausencia.
A todas las mesas donde quedó una silla vacía. A todas las conversaciones que se quedaron a medias.
No romanticemos la enfermedad. No la vistamos de metáforas que la suavicen.
El cáncer no es un viaje de autodescubrimiento.
Es, demasiadas veces, una tumba prematura.
Y precisamente por eso, la memoria debe transformarse en exigencia. Que el dolor no se vuelva resignación. Que la tristeza no se quede en silencio.
Que cada historia truncada nos empuje a pedir más investigación, más recursos, más ciencia y más voluntad política.
Que el cáncer deje de ser una sentencia de muerta.
"Una sombra que no pide permiso. Una fuerza que avanza sin poesía.
"El cáncer no es una épica ni una prueba espiritual.
No es un maestro disfrazado.
Es una herida que insiste".
"El cáncer es una palabra, no una sentencia".
John Diamond