Alejandro Reyes y el Johnny: cuando la música lo cambió todo


Luis Poyatos.

Febrero/26

 

 

 

 

La remembranza de este primer mes de 2026 no podía estar dedicada a otra persona que no fuera un gran divulgador, promotor y enamorado de la música, una figura cultural imprescindible que siempre prefirió permanecer en segundo plano por pura humildad. Hoy solo puedo expresar agradecimiento y respeto ante su pérdida. Me refiero a Alejandro Reyes Domene Rodríguez.

Alejandro nació en Almería en 1944 y se convirtió en una de las grandes personalidades del jazz y el flamenco en nuestro país. Dos géneros que ayudó a encumbrar desde un lugar mítico: el Club de Música y Jazz del Colegio Mayor San Juan Evangelista, espacio que acabaría siendo conocido como el Johnny.

Fue durante el curso 1974-1975 cuando lo conocí con motivo del Primer Festival de Jazz Internacional de Granada, celebrado en el Claustro del Hospital Real, con Juan Claudio Cifuentes (Cifu) como presentador. 

Las fechas en concreto fueron el 9 y 10 de 1975. Siempre he dicho que Alejandro y Cifu han sido mis grandes faros musicales, junto a un hermano y amigo músico, Ernesto Baquero. Ellos fueron, en gran medida, responsables de mi llegada a este mundo tan apasionante que es la música, y de que haya podido participar humildemente en él.

Dejo aquí el enlace a la remembranza que escribí sobre aquel primer Festival Internacional de Jazz de Granada en este mismo medio, en el número 4 de diciembre de 2022.

Alejandro se trasladó a Madrid para estudiar Ingeniería Industrial, aunque, como él mismo contaba con ironía:

“Se me atragantó y no acabé la carrera. Como tenía que buscarme la vida, empecé a dedicarme a la música”.

Y vaya si lo hizo. El Johnny existió durante décadas y por su escenario pasó una parte fundamental de la historia musical de nuestro país. No solo de jazz, sino también de flamenco —la última vez que Camarón se subió a un escenario fue allí—, además de música clásica, cantautores, rock y muchas otras expresiones artísticas. Todo ello impulsado por un público entregado, cómplice y lleno de energía, que convirtió cada concierto en algo irrepetible.

Conviene hacer una breve introducción sobre la historia del Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista. Originalmente estaba ubicado en la calle Écija de Madrid y en 1967 se trasladó al Campus de la Moncloa, pasando de 115 a 408 plazas, lo que lo convirtió en el colegio mayor más grande de España.

Alejandro se trasladó a Madrid para estudiar Ingeniería Industrial, aunque, como él mismo contaba con ironía:

Se me atragantó y no acabé la carrera. Como tenía que buscarme la vida, empecé a dedicarme a la música”.

Y vaya si lo hizo. El Johnny existió durante décadas y por su escenario pasó una parte fundamental de la historia musical de nuestro país. No solo de jazz, sino también de flamenco —la última vez que Camarón se subió a un escenario fue allí—, además de música clásica, cantautores, rock y muchas otras expresiones artísticas. Todo ello impulsado por un público entregado, cómplice y lleno de energía, que convirtió cada concierto en algo irrepetible.

Conviene hacer una breve introducción sobre la historia del Colegio Mayor Universitario San Juan Evangelista. Originalmente estaba ubicado en la calle Écija de Madrid y en 1967 se trasladó al Campus de la Moncloa, pasando de 115 a 408 plazas, lo que lo convirtió en el colegio mayor más grande de España.

El San Juan se caracterizó por una intensa actividad cultural y por su posicionamiento valiente en una época marcada por la censura. El teatro alternativo, el flamenco, el jazz —auténticas armas de destrucción masiva” culturales— encontraron allí un refugio y un altavoz en años en los que había que torear a la dictadura para poder expresarse libremente.

Como en todo proyecto cultural, existía también la cara menos amable: la situación económica. La lucha constante por las subvenciones y el peso de los créditos hicieron que el fantasma del cierre apareciera pronto. Finalmente, el proyecto fue salvado gracias a la Caja de Ahorros de Ronda, que mostró una sensibilidad extraordinaria hacia la línea cultural del Colegio Mayor y, muy especialmente, hacia la persona a la que dedico estas líneas: Alejandro Reyes.

La llegada de Archie Shepp marcó el inicio de una auténtica locura creativa. A partir de ahí, el Johnny supo transmitir una energía única a un público absolutamente entregado a figuras legendarias del jazz internacional:

Art Blakey & The Jazz Messengers (con un joven Wynton Marsalis como director musical), George Coleman, Woody Shaw, Milt Jackson & Ray Brown, Dexter Gordon, Chick Corea & Gary Burton, Lou Donaldson, Hannibal Marvin Peterson & The Sunrise Orchestra, Steve Lacy, Irakere, Joe Farrell, Astrud Gilberto, Cedar Walton, Bobby McFerrin, Stéphane Grappelli, Toots Thielemans, Jubilee Spirituals, Memphis Slim, Jackie McLean & McCoy Tyner, Mombasa, Randy Weston, Chet Baker, Dizzy Gillespie, John McLaughlin, Tony Williams, y muchos más.

Pero el Johnny no fue solo jazz. El flamenco ocupó un lugar central en su programación, con la presencia de lo mejor del género: Camarón, Enrique Morente, Manuel Agujetas, José Menese, La Paquera de Jerez, y guitarristas y pianistas fundamentales como Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Enrique de Melchor, Manolo Cano, Diego del Gastor, Pepe Habichuela, Tomatito, Niño Josele, así como pianistas flamencos como Pepe Romero y Felipe Campuzano.

También hubo espacio para el pop y el rock, con grupos como Los Elegantes (que llegaron a destrozar parte del mobiliario), Los Sprays, El Aviador Dro, Los Pistones, Triana, Gualberto, La Banda de los Hermanos Cruz, Burning, Ozono, La Mondragón, Suburbano, Guadalquivir o Medina Azahara.

El folk tuvo igualmente su protagonismo con Gwendal, Aguaviva, Jarcha, Horacio Guarany, Los Cachaleros, Los Calchakis, y los cantautores dejaron huella con nombres como Silvio Rodríguez, Mercedes Sosa, Hilario Camacho, Joaquín Sabina, Javier Krahe, Labordeta, Luis Pastor, Javier Ruibal y Carlos Cano, a quien tuve el placer de acompañar presentando su disco Si estuvieran abiertas todas las puertas”, con el inolvidable Tango de las Madres de Mayo.

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Esa actuación tuvo lugar en marzo de 1983, durante dos días intensos en los que disfrutamos del ambiente maravilloso del Johnny. Fue allí donde conocí personalmente a Alejandro Reyes: exquisito en la conversación, discreto en su forma de ser y, sin pretenderlo, tan influyente que Steve Lacy llegó a decirle:

“¿Tú eres Alejandro? Tenía ganas de conocerte; eres más famoso que yo”.

Alejandro fue un gestor cultural atento, abierto y renovador, sin cerrarse jamás a un solo estilo y con el deseo constante de dar visibilidad a todas las ideas que han construido eso que llamamos jazz. Su empatía y su forma de entender la cultura han sido ampliamente reconocidas por críticos de prestigio como Ebbe Traberg, Xabier Recalde o José Ramón Rubio, que han señalado el papel vital que desempeñó durante décadas para llevar este club a lo más alto y otorgarle el reconocimiento que merece.

El rey Al Mutamid dice adiós a Sevilla, fue uno de los temas que Carlos Cano ofreció en su concierto en el Colegio Mayor San Juan Evangelista. MADRID 16 de marzo de1984.

Personas como Alejandro hacen que la pasión por la música —y especialmente por el jazz— nos recuerde que la cultura es, en realidad, la auténtica arma para la paz.

Como empecé la remembranza ,quisiera darle las gracias allá donde esté por ese primer Festival de Jazz Internacional de Jazz que organizó junto a compañeros del Colegio Mayor S. Jerónimo de Granada, crearme esa pasión por todas las músicas bien hechas y por el mundo de la gestión. En 1992 me lié la manta la cabeza y creé el UniversiJAZZ en mi Granada natal con XXX ediciones hasta que la Universidad decidió darle carpetazo cuando mejor funcionaba.

No quisiera extenderme más, dejo por aquí este enlace por si alguien le puede interesar a la remembranza de Noviembre de 2024

Y quitarme el sombrero por la labor tan inmensa que ha realizado como gestor cultural durante la Transición y después de ella, y eso lo sabe la gente que organiza eventos.

Me despido con estas palabras  que dejó escritas “desde los tiempos de la dictadura, donde lo más difícil era que los propios actos se pudieran celebrar ( censura, permiso policial, etc.) a los actuales de la democracia  ,también difíciles, por la fuerte competencia publicitaria. 

Así, con la Música como medio, hemos ido aprendiendo lo que es la libertad, la igualdad, la solidaridad y también la convivencia entre universitarios de distintas edades, clases sociales y procedencias de todo el Estado Español y si todo esto ya es importante ,en lo estrictamente musical no hemos pretendido meramente ser un escaparate , dando a  conocer todos los estilos musicales que generalmente no tenían salida en los cauces comerciales habituales...

Nadie enseña a nadie, como dice un famoso pedagogo brasileño, sino que todos hemos aprendido juntos y la Música como nuestra modesta contribución ha formado parte de la cultura universitaria de los últimos veinte años, cual corresponde a una de las misiones más importante de la Universidad, como es la de crear y difundir la cultura”.


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